ESTAMOS CON GREENPACE

martes, 19 de julio de 2011

Un paseo ideal para las vacaciones de invierno

Librerías con historia, para encontrar lo impensado

La aventura es buscar lo que se quiere y dejarse sorprender por lo que se encuentra. Hay libros hasta desde 50 centavos. El condimento extra es trabar conversación con sus propietarios: libreros de toda la vida que siempre pueden y quieren dar alguna opinión. Y contar alguna historia.

Martes 19 de Julio de 2011 Hs.

Altman sostiene una librería de viejo con más de 70 años de historia.

Altman sostiene una librería de viejo con más de 70 años de historia.

Medina reconoce con facilidad el perfil de sus clientes y sus preferencias.

Medina reconoce con facilidad el perfil de sus clientes y sus preferencias.

Legarreta trabaja codo a codo con su esposa en Jabulani.

Legarreta trabaja codo a codo con su esposa en Jabulani.

No cualquiera es librero y mucho menos en una librería de viejo. Uno se da cuenta en el momento que se mete en sus locales y conversa con ellos: entonces asoman sus particularidades, más allá de la escenografía que por sí misma resulta disonante con respecto al paisaje común y silvestre de los comercios que se presentan en el rubro.
Hay estilos, claro.
Librería Altman, libros de ocasión, es la marca del negocio que atiende Eduardo Altman y que fundó su padre con el mismo nombre hace por lo menos 70 años, cuando se emplazaba en la esquina de Tucumán y Cervantes.
Altman vende “libros de ocasión” en un local de calle Villaguay, que se angosta a causa de los anaqueles con cientos de volúmenes, en la mayoría de los casos con más de dos décadas de antigüedad y mucho más también. Atrás está su casa y también más bibliotecas y más libros.
Para los periodistas de EL DIARIO, Altman es un nombre conocido, no solamente porque suele enviar cartas de lectores o colaboraciones a nuestra Hoja, sino también sobres que incluyen ejemplares subrayados en rojo, correcciones con signos de admiración y críticas que no se cuida en amortiguar con alguna palabra amable. Un lector atento que cuestiona.
“No es lo mismo vender libros que ser librero”, diferencia y sin decirlo, claro está, se ubica en la segunda definición. Altman fue bancario, columnista de televisión y lector empedernido, claro. Una vez, sin embargo, decidió terminar con todo, con su herencia de familia que resultaba menos una gratificación que un peso y se propuso vender 325 kilos de libros por papel.
Ahí conoció –dice con palabras más duras en rigor– una cara ingrata de la ciudad: le dieron unos pocos billetes. Nada.
“La sangre tira, volví con los libros y acá estoy”, dice acorralado por las estanterías donde se pueden encontrar algunos volúmenes valiosos, otros no tanto, mucha literatura, ciencias, colecciones completas o incompletas, libros que sabe dónde ubicar por memoria visual y nada más.
“No sé cuántos libros tengo, no uso computadora, nada de eso, estoy afuera de la tecnología, vivo en el siglo XIX”, asegura Altman. Y cuenta que puede hallar lo que busca por una representación de la memoria antes que por las características visuales de un ejemplar.
“Me estoy quedando ciego –revela–, reconozco los libros que tengo y donde están de tanto verlos, es muy difícil que me equivoque”.
Investigadores, historiadores, escritores, mucha de esa gente ha pasado varias horas revolviendo los libros de Altman. “Este negocio es para encontrar lo que uno no busca”, define él y se queja al mismo tiempo de que “la gente culta también roba”, aunque en cierta medida consiente que “por lo menos roban para leer y hacerse más cultos”.
Desde un libro religioso de 50 centavos a colecciones completas de varios miles de pesos, todo se puede conseguir en el local de Altman, que siempre tiene el cartelito que invita a una “liquidación total”, como una operación de marketing algo rústica, ciertamente.
Altman, sin embargo, explica que no tiene continuadores para su negocio y que “a esta altura ya terminé el curso de arpa”. Lo dice con humor áspero que deja un toque agrio en el fondo de la sonrisa. Lo dice así y al mismo tiempo se vuelve a entusiasmar, como no se entusiasma ningún vendedor de una librería tradicional, cuando uno le pide algo.
“¿Tiene algo de Simenon?”. Sí, claro que tiene.
TESORO OCULTO. Hay que prestar mucha atención: desde la calle difícilmente alguien logre distinguir que detrás de ese portón carcomido por el óxido, coronado por un balcón de frágiles barandas, se oculten algo más de tres mil libros y también algunos miles de discos y cedés.
Si el dueño no oye el golpe contra la chapa, lo usual es llamar al número celular que Rubén Medina pegó en la puerta. Entonces, él en persona baja a abrir y conduce al visitante por una escalera empinada que desemboca en un segundo piso. Un segundo piso que remite a una mudanza de urgencia, aunque en verdad todo tiene un cierto orden.
Los libros están catalogados, algunos por géneros y la mayoría por la inicial del apellido del autor. En la S, por ejemplo, puede estar Saer, Sinaglia, Sartre, Salinger o algún Sánchez. Los policiales, por ejemplo, están todos encimados en el baño. Y hay libros de género también en la cocina. Hay libros por todos lados.
–¿Qué estás buscando?
–Mmm, o argentinos o norteamericanos.
Medina aparece en cinco minutos con cinco libros de William Faulkner y una edición vieja de Isidoro Blainstein. Lee el entusiasmo en los ojos de su cliente y va por más: trae por lo menos otros tres autores yankees, dos de los cuales el cronista ignora por completo.
Rubén Medina empezó vendiendo zapatos en la Peatonal, después se mudó a calle España y con el tiempo añadió ropa para niños y para adultos.
“Empecé con los libros porque ya no los podía tener en casa, los traje al negocio y los comencé a vender”, narra. Con el tiempo se quedó con los libros y los discos. Se mudó a la Peatonal, luego a calle Monte Caseros y Alem y ahora está en esta locación, más alejada del centro, más silenciosa.
Medina tiene 71 años, es jubilado y siente que no tiene nada mejor por hacer que ordenar sus libros y hacer negocios con sus visitantes. Acepta canjes, aunque siempre con algo de dinero de por medio, que naturalmente lo favorece.
En una de las paredes del negocio está el logo de Sultanino, en realidad se trata de la réplica de un dibujo que Gito Petersen publicó en EL DIARIO junto a un coloquio de Guillermo Alfieri sobre Medina. Ahí se ve al librero como un Quijote ensartando discos con su lanza.
Es notable la atmósfera que se respira, aún en condiciones adversas y habitaciones ganadas por la humedad. Hay una sensación de intimidad, de cálida intimidad que morigera la melancolía inspirada por los lamparones de techo descascarado y el olor al polvillo que se reúne en todas partes. Medina es quien habita entre pasillos de libros, columnas de volúmenes que parecen derrumbarse. Medina es el librero con aires de quijote, que la gente conoce como el “señor de Sultanino”.
–¿Entonces te llevás todo? –pregunta, mirando la pila y calculando el precio.
–No, todos no; dos de Fulkner y el de Blainstein.
–Bien, son 66, pero lo dejo en 65.
–Gracias.
FIESTA. Es la más ordenada y prolija de las librerías de viejo. Carlos Legarreta y su mujer, Mimí, la atienden juntos hace más de 35 años. Tienen clientes que son amigos, tienen un cansancio que van pateando hacia adelante sin saber cuándo termina y miles de libros que no podrían contabilizar aunque pasaran varias tardes en el asunto.
Jabulani tuvo dos mudanzas antes de instalarse en el local actual de calle Uruguay casi Corrientes. Y alguna vez sus dueños se arriesgaron a la locura de mantener la librería abierta durante las 24 horas. Sí, en Paraná hubo una librería que atendía las 24 horas.
“Venía gente –revela Mimí– gente que trabajaba de noche en sus cosas, sobre todo porque éramos uno de los pocos que hacíamos fotocopias”.
No prosperó esa iniciativa, pero la librería se mantuvo, en general con clientes que llegan una vez y vuelven. Con las librerías de viejo resulta así: una vez que la gente encuentra algo impensado, esa ilusión de hallar un libro valioso reaparece cada vez que uno pasa por ahí.
En su escritorio Legarreta luce la matriz del capitelio que corresponde a la nueva puerta de la Casa de Gobierno. Es regalo de un cliente.
“Algunos se hacen amigos con el tiempo”, dice Mimí. Otros no. A Legarreta, por ejemplo, le molestan especialmente, preguntas como “¿usted desinfecta los libros?” El responde: “Por supuesto, señora, los suyos también”.
Los dos cuestionan la actitud de los paranaenses con locales como el suyo, cuando en Buenos Aires o Rosario son espacios casi sagrados para lectores exigentes.
García Lorca, un libro de Balzac con papel biblia, una novela de Graham Green y dos videos para chicos, se amontonan ahora sobre el escritorio. Legarreta saca cuentas y cobra.
–La última, ¿por qué Jabulani?
–Quiere decir fiesta, celebración.
CIRCUITO
- Altman, libros de ocasión. En calle Villaguay, con vidriera a la calle, variedad en libros, revistas, también se ofrecen antigüedades y hasta tarros de vidrio a un peso con cincuenta.
- Jabulani está ubicada en calle Uruguay antes de Corrientes. Además de una amplia oferta en libros, también hay películas, en especial para chicos.
- Sultanino está ubicado en la última cuadra de Monte Caseros antes de llegar a Racedo. Hay que llamar para ser atendido. Se canjean libros. También se encuentran revistas, discos y cds.

Julián Stoppello ¿Tenés twitter? ¡seguinos!

Quienes leyeron esta nota además leyeron:
Datos del usuario
¿Aún no eres usuario? Clic aquí para registrase

* Usuario:

[ Recordar usuario ]

* Clave:

¡Enviá tu comentario!

Hacé clic para poder comentar...

Máximo 600 caracteres

Acepto los Términos y Condiciones

¡Enviá tu comentario!

Tu comentario ha sido enviado de manera exitosa !!! La publicación del mismo estará sujeta a revisión por parte de nuestros moderadores.

nuevo comentario

ranking de noticias

El Diario en Facebook

Redacción, Administración y Talleres: Urquiza y Buenos Aires - Paraná [ Argentina ] - Telefonos: +54 343 400 - 1000 (Lineas rotativas)

adepa aedia

  • Seguinos!

El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones de: Sociedad Anónima Entre Ríos
© 2011 - Todos los Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.

Diseño: Grupo Octógono  |  Management Technology: Advertis  |  Powered by: SigloCero

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenidos. Ayúdenos a serle cada día más útil.