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viernes, 6 de mayo de 2011

SÁBATO: SU VIDA Y SUS OBRAS (BRRVE RESEÑA)

Ernesto Sábato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911. Hizo su doctorado en física y cursos de filosofía en la Universidad de La Plata. Trabajó luego en el Laboratorio Curie, en París, y abandonó definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse exclusivamente a la literatura. Ha escrito varios libros de ensayos sobre el hombre en la crisis de nuestro tiempo y sobre el sentido de la actividad literaria -El escritor y sus fantasmas (1963), Apologías y rechazos (1979)-, y tres novelas: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961), y Abbadón el exterminador (1974). Dice Sábato: "Puede parecer un acto de horrible esnobismo que tres crisis fundamentales de mi vida se sucedieran en París, pero efectivamente así fue. La primera se produjo en el invierno de 1935, cuando yo era un muchacho de 24 años. Desde 1930 milité en la Juventud Comunista, cuando la dictadura del general Uriburu. Abandoné estudios, familia y mis comodidades burguesas. Viví con nombre supuesto en La Plata, en cuyos suburbios estaban los dos frigoríficos más grandes del país, donde se explotaba despiadadamente a toda clase de inmigrantes, que vivían amontonados en tugurios de zinc, rodeados de pantanos de aguas podridas. Repartíamos manifiestos, participábamos de la organización de huelgas. Hacia 1933 fue ya secretario de la Juventud Comunista, cuando habían empezado mis dudas sobre el estalinismo, y entonces resolvieron mandarme a las Escuelas Leninistas de Moscú, a purificarme. Si hubiese ido, no habría vuelto jamás vivo. Tenía que pasar previamente por Bruselas, por un congreso contra el fascismo y allí supe con horrendos detalles de los "procesos" de Moscú. Me escapé a París, viví un invierno muy duro en la piecita de un compañero disidente, mientras el partido me buscaba. Logré volver a la Plata, donde proseguí mi carrera en física-matemática. Cuando terminé mi dieron una bourel para trabajar en el laboratorio Curie, donde trabajé durante casi un año y, allí en París, asistí a la ruptura del átomo de uranio, que se disputaban tres laboratorios: ganó la "carrera" un alemán. Pensé que era el comienzo del Apocalipsis. Viví en una confusión horrible, mientras escribía mi primera novela y cometí la infamia de dejar que Matilde se volviera a la Argentina con nuestro primer hijo, de pocos meses, mientras yo tenía una amante rusa. La tercera crisis fue consecuencia de todo esto, y de mi vínculo con los surrealistas: Domínguez, Mata, Wilfredo Lam y otros. En otro día de invierno fuimos con Domínguez, a la tarde, al Marché aun Puses y volvimos después en el Metro hasta Montparnasse, donde tenía su estudio Domínguez. En la calle, ya era de noche, en un especie de nevisca, Domínguez se detuvo y me dijo:"¿Qué te parece si esta noche nos suicidamos juntos ?" No era una broma, era muy propenso, como lo probó años después. Yo me negué, aunque también me atraía el suicidio: me salvó mi instinto, y aquí estoy, junto a la Matilde de todos los tiempos, una de esas "mujeres fuertes de la Biblia", que está muriendo, en medio del dolor más profundo de mi vida, en el final de una existencia muy compleja." (Ernesto Sábato, 24 de enero de 1995)
Fuente: http://www.literatura.org/Sabato/Sabato.html

lunes, 2 de mayo de 2011

SÁBATO EN PARANÁ. VISITA A "EL DIARIO"

SEMBLANZA . En 1978 el escritor disertó en el Círculo Médico de Paraná El día que Sabato presidió un aniversario de EL DIARIO Calos Sforza lo recuerda como “algo maniático” en sus costumbres, al punto que aún cuando llegó en avión, no quiso volver por aire, sino en auto. Pero al igual que la escritora Graciela Pacher Barbará, recuerdan luego de relevancia en la literatura; y lo califican como”un escritor muy importante”. Lunes 2 de Mayo de 2011 El escritor interpretado por Seriright »Por alguna razón, no quiso volar esa vez. Quizá una fobia repentina a los aviones, un miedo ancestral, una incomodidad pasajera. Lo cierto es que Ernesto Sabato en aquel mayo de 1978 llegó a Paraná a bordo de un Cessna que piloteó el mismísimo Luis F. Etchevehere. Pero regresó a Buenos Aires en auto, por tierra; evitó volar otra vez. Sábato, fallecido el sábado y cuyos restos fueron inhumados ayer, visitó en 1978 la ciudad para encabezar los actos centrales por el 64º aniversario de la fundación de EL DIARIO. Disertó el sábado13 de mayo ante una sala colmada en la sede del Círculo Médico, y fue presentado por Miguel Nessa Boeri. Aquella vez, narró la crónica Sabato "fue atentamente escuchado y calurosamente aplaudido por la concurrencia, muy nutrida, que colmó el salón de conferencias". Cuando tuvo que emprender el regreso a Santos Lugares, su lugar de residencia, rehusó hacerlo por aire. Escogió hacerlo por tierra. El escritor Carlos Sforza, que estuvo con él en Victoria en 2004, lo recuerda como "un hombre difícil", con muchas manías. "Recuerdo que en aquella ocasión cuando visitó Paraná, cuando disertó invitado por EL DIARIO para celebrar su aniversario se mostró algo maniático en sus costumbres. Tenía como obsesiones». Al rememorar aquel acontecimiento, Sforza dice que Sabato «se alojó en el Gran Hotel Paraná y pidió que en su habitación se colocara una cama sin respaldo, porque sino se sentía durmiendo como en un ataúd». Y al finalizar su disertación, sólo aceptó responder preguntas que se le hicieran llegar formuladas por escrito. Para el escritor y ensayista entrerriano, si bien la de Sabato, «era una mirada teñida de pesimismo», no obstante ello "no opaca su figura de intelectual". SEMBLANZAS. La muerte de Ernesto Sabato abrió un abanico de opiniones en torno a su destacada figura dentro de la literatura. «Ha sido un escritor muy importante», señaló Graciela Pacher Barbará, escritora, poeta, ex presidenta de la delegación Entre Ríos de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade). "Tal vez internacionalmente su figura se vio opacada por el gran boom de los latinoamericanos, los autores del realismo mágico. Pienso que eso le restó un poquito de presencia; no porque su obra no ameritara en su contenido y formato tener un lugar destacadísimo", añadió. "Su obra es importantísima, como su persona; fue un hombre coherente con su obra y su vida", añadió. En este sentido, la escritora consideró: "No pueden sacarse de contexto su producción con su vida y su pensamiento". Es que Sabato «tuvo una gran unidad en sí mismo, con lo que fue y sintió". Para la escritora "se escribe con lo que uno es y lo que tiene", por lo cual "fue un escritor auténtico» que demostró "un gran compromiso con la vida, con aquello que pensaba que era vivir cotidianamente". Asimismo se destaca "su compromiso con los derechos humanos, que expresó públicamente, pero no sólo en el compromiso con la literatura, sino desde la práctica concreta". En ese aspecto, Pacher Barbará consideró que estuvo vinculado a la autocrítica de la sociedad argentina". "Fue una persona respetable y respetada", añadió la ex presidenta de la Sade Entre Ríos. "Ha sido una vida que por suerte se prolongó en el tiempo, por lo cual pudimos disfrutarlo los argentinos; aunque sabemos que en los últimos tiempos él ya no estaba bien". En su semblanza, la autora de Los cuentos que cuenta el viento, opinó que si bien "algunos dicen que era un hombre de ribetes tristes, pienso que eso se debía a que tenía un criterio con respecto a lo que el hombre debía ser y no lo que el hombre muestra que es en el día a día, y ese desfase teñía su mirada de cierta melancolía. No se entonces, si decir triste, sí creo, mejor, que era reflexivo". Para la autora paranaense «fue un hombre generoso y abierto, que nunca tuvo miedo de expresarse. Fue un pensador con todas las letras, además de un excelente literato". ESE AMIGO. "Para mí fue un amigo. Estuve con él varias veces y mantuvimos un intercambio epistolar. En sus cartas comentó mis libros y me transmitió impresiones sobre mi trabajo", destacó Carlos Sforza. "Con él estuve en Buenos Aires, lo traté y me envió, dedicados, uno o dos de sus obras que guardo en un lugar destacado de mi biblioteca", expresó el autor entrerriano para quien Sabato es "una figura insoslayable en la literatura argentina del siglo XX Como pueden serlo Borges y Marechal". Fue "un gran novelista y ensayista, un hombre que hasta lo último estuvo comprometido con todo". El victoriense remarcó a EL DIARIO que "su trilogía El túnel, Sobre Héroes y Tumbas y Abbadón, el exterminador es grandiosa". Pero también, agregó Sforza los ensayos, entre ellos Uno y el universo, "en los cuales volcó sus impresiones de lo que le sucedió desde que salió de la física y el campo de las ciencias duras y se volcó a la literatura". En esos textos, el bonaerense transmitió sus impresiones sobre el proceso que adquiría, desde su perspectiva, el desarrollo de la sociedad de su tiempo. Además, Sforza subrayó "lo que significó estar en la Conadep cuando había que jugarse" y en este punto definió a Sabato como "un intelectual comprometido completamente". Y recordó un episodio de la juventud del escritor, que narró en Sobre Héroes y Tumbas "cuando estuvo en París, becado en el Instituto Curie, donde su participación en los movimientos políticos cambió el rumbo de su vida. Más adelante, Sforza recordó para EL DIARIO algunas anécdotas poco conocidas. "Una cosa interesante que muchos no saben, es que cuando se realizó, en noviembre de 2004, el tercer Congreso Internacional de la Lengua Española, en Rosario, Sabato estuvo en Victoria unas horas y estampó su firma en una de las paredes del Restó Bar Rizzi, frente a la plaza". En esa ocasión el célebre escritor recorrió las calles de Las de las siete colinas.