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martes, 28 de diciembre de 2010

CURIOSO ANTECEDENTE

Un antecedente de Wikileaks y el extraño morador alemán ALEJADOS. Según el investigador Schvartzman, los inmigrantes del Volga no eran tomados en cuenta por los nazis como “alemanes del Reich”. Hace más de setenta años, Entre Ríos despertaba el interés de los jerarcas nazis. En un informe que se filtró a la prensa, hablaban de que en esta provincia había 65 mil alemanes, pero que sólo 700 “son alemanes del Reich”. El diputado socialista Enrique Dickmann denunció que eso era una estrategia de penetración nazi y que la cifra era arbitraria. Pero sin dudas que entre los “alemanes del Reich” estuvo el Mechudo: un extraño y siniestro personaje | Jorge Riani Gerchunoff sentenció que hay un modo, un perfil entrerriano que atraviesa a todos los hijos de esta tierra, sea cual fuere el origen de sus antepasados. Lo atribuye al suelo, al ambiente. Esta geografía prolífica en oportunidades albergó a una diversidad étnica que se multiplicó en la toponimia del suelo y los rasgos de sus habitantes. Españoles que aquí estuvieron haciéndose argentinos mientras en su país de origen se desangraba en la Guerra Civil; rusos-alemanes que vieron la caída del régimen zarista, supieron luego del ascenso del totalitarismo alemán –tanto como sus descendientes se informaron de la Perestroika y el derribo del Muro–, italianos que conocieron la sombra del fascismo en su vieja patria. También los árabes y judíos askenazis o sefaradíes que vivieron desde aquí el convulsionado proceso político de Medio Oriente. Quizás fue aquello que observó Gerchunoff –ese modo de ser entrerriano– lo que permitió un marco de tolerancia, con excepciones muy puntuales, que hacía a estos habitantes impermeables a los conflictos ajenos. Aun así, en Entre Ríos sobresalió el compromiso con la democracia y hubo aportes personales y colectivos a las causas republicanas. Tanto en España como en Alemania. Esta provincia está íntimamente ligada a la denuncia pública contra el intento de penetración de ideas totalitarias. Entre Ríos no estuvo ajena, por caso, al interés nazi por saber si contaba aquí con personas afines para la divulgación de su discurso y accionar. Figuras entre las que se cuentan los legisladores nacionales Enrique Dickmann y Silvano Santander –socialista y radical, respectivamente– denunciaron con energía las intenciones de la dictadura hitlerista hacia la Argentina en general, y hacia Entre Ríos en particular. “Hace algunos años –declaró Dickmann en la Cámara de Senadores hacia finales de la década del treinta– después del advenimiento del nacionalsocialismo en Alemania, en 1933, el gobierno del Tercer Reich fundó el nuevo ministerio de Informaciones y Propaganda. Este ministerio dirigió a todos sus representantes en el extranjero un documento confidencial y secreto que, a pesar de su secreto y confidencialidad, fue publicado. Tengo en mi poder el texto original y su traducción española”, agregó. Calificó el legislador socialista al documento publicado el 30 de junio de 1933 como “realmente insólito”. “Se establecen en él con precisión, de acuerdo al conocido método germánico, lo que se necesita hacer en todos los países del extranjero para propagar las ideas y propósitos del nazismo alemán, a fin de conquistar adeptos para esta nueva ideología y lograr, si fuera posible, su adopción por parte de los distintos países”. FILTRACIÓN. Generó también un tembladeral como el que hoy da cuenta la prensa del mundo sobre el contenido más ruidoso de Wikileaks, la organización dedicada a publicar materiales filtrados y anónimos que conciten interés general. El aún entendido escándalo de la publicación de los documentos del Departamento de Estado estadounidense en el sitio de Wikileaks residió, precisamente, en el hecho de ser ventilado más que en sus contenidos. Y mientras algunos observadores acreditados presagian un cambio de paradigma en el manejo de la información reservada de los Estados, habrá que decir que nada nuevo hay en ese tráfico de datos a través de embajadores y diplomáticos. En 1938, el embajador argentino en Alemania, Eduardo Labougle, envió a la Cancillería un informe que revela cómo eran vistos los alemanes y sus descendientes radicados en Entre Ríos y otras provincias. El informe habla de los “alemanes del Reich” y de “los otros alemanes”. Es en esta provincia donde mayor número hay: 65.000, pero –de acuerdo con la singular observación del espionaje nazi– “sólo 700 son alemanes del Reich”. Según el investigador uruguayense Pablo Schvartzman, los nazis dejaban fuera del Reich “a la laboriosa colectividad de los alemanes del Volga”. De cualquier modo, los números son arbitrarios y Dickmann lo explicó muy bien. “Esta idea de reclamar espacio vital es vieja en Alemania y ha obedecido a un largo y continuo proceso”, explicó al presentar en el Parlamento argentino una profusa cantidad de pruebas consistente en publicaciones, a partir de 1911, que hablan de la “Sud América inglesa” y de la “Deustch Sud América”. Los autores de esos manuales explicaban cómo poblar estas tierras desiertas y cómo, “en 1950, serán dominios de la Gran Alemania”. El entrerriano Santander hizo un exhaustivo trabajo de investigación sobre el lavado de dinero nazi en Argentina, y Dickmann, en cambio, habló más que nada del método de penetración de las ideas totalitarias. El diputado socialista había llegado al país a los doce años de su Lituania natal. Siendo muy joven trabajó como peón rural en Entre Ríos y por eso conocía muy bien la provincia. Un dato accesorio: al recibirse de médico, le hubiese correspondido la medalla de oro por su sobresaliente desempeño universitario, sin embargo por sus ideas socialistas se la negaron, y fue Perón quien reparó la injusticia al entregársela, personalmente, años más tarde. EL EXTRAÑO DE PELO LARGO. La buena convivencia de los entrerrianos de diferentes orígenes para nada significa la ausencia total de corrientes fascistas. Que las hubo y ruidosas. También en su territorio transitaron algunos personajes ligados el régimen nazi derrocado. Antes de que albergara los viejos talleres y la actual administración de EL DIARIO, la antigua casona de Urquiza y Buenos Aires fue una pintoresca cigarrería. “Me acuerdo que hubo un tiempo en el que alquilamos un rinconcito de la planta baja a un señor alemán. Era una persona misteriosa, callada, distante, pero respetuoso. Nosotros éramos chicos y no sabíamos cómo se llamaba. Le decíamos el Mechudo porque tenía el pelo bien largo, enrulado y renegrido”. El testimonio corresponde a la profesora Dora Aeberhard de Izaguirre, descendientes del antiguo propietario de la casona, de apellido Reviriego, cuando fue entrevistada por el autor de esta nota hace una década para la serie “Relicario, crónica urbana de Paraná”. Se narraba allí la historia del Mechudo. Que abrió una peluquería, que siempre había gente dispuesta a arreglar sus cuentas, que solía desparecer por días de la ciudad y cosas por el estilo. “Era una persona –recordó Aeberhard– no puedo decir siniestra, pero de un gran misterio, que transmitía un poco de miedo o cuidado. Nosotros decíamos que estaba medio chiflado. Había días que no abría el negocio. Desaparecía por cuatro o cinco días, y nadie preguntaba nada”. Una mañana se fue sin decir nada, y nunca volvió. No faltaron billeteras para cancelar las cuentas que dejó en la ciudad. “A los pocos días supimos que el Mechudo era uno de los tripulantes del Graf Spee”, remató Dora.

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