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martes, 28 de diciembre de 2010

CURIOSO ANTECEDENTE

Un antecedente de Wikileaks y el extraño morador alemán ALEJADOS. Según el investigador Schvartzman, los inmigrantes del Volga no eran tomados en cuenta por los nazis como “alemanes del Reich”. Hace más de setenta años, Entre Ríos despertaba el interés de los jerarcas nazis. En un informe que se filtró a la prensa, hablaban de que en esta provincia había 65 mil alemanes, pero que sólo 700 “son alemanes del Reich”. El diputado socialista Enrique Dickmann denunció que eso era una estrategia de penetración nazi y que la cifra era arbitraria. Pero sin dudas que entre los “alemanes del Reich” estuvo el Mechudo: un extraño y siniestro personaje | Jorge Riani Gerchunoff sentenció que hay un modo, un perfil entrerriano que atraviesa a todos los hijos de esta tierra, sea cual fuere el origen de sus antepasados. Lo atribuye al suelo, al ambiente. Esta geografía prolífica en oportunidades albergó a una diversidad étnica que se multiplicó en la toponimia del suelo y los rasgos de sus habitantes. Españoles que aquí estuvieron haciéndose argentinos mientras en su país de origen se desangraba en la Guerra Civil; rusos-alemanes que vieron la caída del régimen zarista, supieron luego del ascenso del totalitarismo alemán –tanto como sus descendientes se informaron de la Perestroika y el derribo del Muro–, italianos que conocieron la sombra del fascismo en su vieja patria. También los árabes y judíos askenazis o sefaradíes que vivieron desde aquí el convulsionado proceso político de Medio Oriente. Quizás fue aquello que observó Gerchunoff –ese modo de ser entrerriano– lo que permitió un marco de tolerancia, con excepciones muy puntuales, que hacía a estos habitantes impermeables a los conflictos ajenos. Aun así, en Entre Ríos sobresalió el compromiso con la democracia y hubo aportes personales y colectivos a las causas republicanas. Tanto en España como en Alemania. Esta provincia está íntimamente ligada a la denuncia pública contra el intento de penetración de ideas totalitarias. Entre Ríos no estuvo ajena, por caso, al interés nazi por saber si contaba aquí con personas afines para la divulgación de su discurso y accionar. Figuras entre las que se cuentan los legisladores nacionales Enrique Dickmann y Silvano Santander –socialista y radical, respectivamente– denunciaron con energía las intenciones de la dictadura hitlerista hacia la Argentina en general, y hacia Entre Ríos en particular. “Hace algunos años –declaró Dickmann en la Cámara de Senadores hacia finales de la década del treinta– después del advenimiento del nacionalsocialismo en Alemania, en 1933, el gobierno del Tercer Reich fundó el nuevo ministerio de Informaciones y Propaganda. Este ministerio dirigió a todos sus representantes en el extranjero un documento confidencial y secreto que, a pesar de su secreto y confidencialidad, fue publicado. Tengo en mi poder el texto original y su traducción española”, agregó. Calificó el legislador socialista al documento publicado el 30 de junio de 1933 como “realmente insólito”. “Se establecen en él con precisión, de acuerdo al conocido método germánico, lo que se necesita hacer en todos los países del extranjero para propagar las ideas y propósitos del nazismo alemán, a fin de conquistar adeptos para esta nueva ideología y lograr, si fuera posible, su adopción por parte de los distintos países”. FILTRACIÓN. Generó también un tembladeral como el que hoy da cuenta la prensa del mundo sobre el contenido más ruidoso de Wikileaks, la organización dedicada a publicar materiales filtrados y anónimos que conciten interés general. El aún entendido escándalo de la publicación de los documentos del Departamento de Estado estadounidense en el sitio de Wikileaks residió, precisamente, en el hecho de ser ventilado más que en sus contenidos. Y mientras algunos observadores acreditados presagian un cambio de paradigma en el manejo de la información reservada de los Estados, habrá que decir que nada nuevo hay en ese tráfico de datos a través de embajadores y diplomáticos. En 1938, el embajador argentino en Alemania, Eduardo Labougle, envió a la Cancillería un informe que revela cómo eran vistos los alemanes y sus descendientes radicados en Entre Ríos y otras provincias. El informe habla de los “alemanes del Reich” y de “los otros alemanes”. Es en esta provincia donde mayor número hay: 65.000, pero –de acuerdo con la singular observación del espionaje nazi– “sólo 700 son alemanes del Reich”. Según el investigador uruguayense Pablo Schvartzman, los nazis dejaban fuera del Reich “a la laboriosa colectividad de los alemanes del Volga”. De cualquier modo, los números son arbitrarios y Dickmann lo explicó muy bien. “Esta idea de reclamar espacio vital es vieja en Alemania y ha obedecido a un largo y continuo proceso”, explicó al presentar en el Parlamento argentino una profusa cantidad de pruebas consistente en publicaciones, a partir de 1911, que hablan de la “Sud América inglesa” y de la “Deustch Sud América”. Los autores de esos manuales explicaban cómo poblar estas tierras desiertas y cómo, “en 1950, serán dominios de la Gran Alemania”. El entrerriano Santander hizo un exhaustivo trabajo de investigación sobre el lavado de dinero nazi en Argentina, y Dickmann, en cambio, habló más que nada del método de penetración de las ideas totalitarias. El diputado socialista había llegado al país a los doce años de su Lituania natal. Siendo muy joven trabajó como peón rural en Entre Ríos y por eso conocía muy bien la provincia. Un dato accesorio: al recibirse de médico, le hubiese correspondido la medalla de oro por su sobresaliente desempeño universitario, sin embargo por sus ideas socialistas se la negaron, y fue Perón quien reparó la injusticia al entregársela, personalmente, años más tarde. EL EXTRAÑO DE PELO LARGO. La buena convivencia de los entrerrianos de diferentes orígenes para nada significa la ausencia total de corrientes fascistas. Que las hubo y ruidosas. También en su territorio transitaron algunos personajes ligados el régimen nazi derrocado. Antes de que albergara los viejos talleres y la actual administración de EL DIARIO, la antigua casona de Urquiza y Buenos Aires fue una pintoresca cigarrería. “Me acuerdo que hubo un tiempo en el que alquilamos un rinconcito de la planta baja a un señor alemán. Era una persona misteriosa, callada, distante, pero respetuoso. Nosotros éramos chicos y no sabíamos cómo se llamaba. Le decíamos el Mechudo porque tenía el pelo bien largo, enrulado y renegrido”. El testimonio corresponde a la profesora Dora Aeberhard de Izaguirre, descendientes del antiguo propietario de la casona, de apellido Reviriego, cuando fue entrevistada por el autor de esta nota hace una década para la serie “Relicario, crónica urbana de Paraná”. Se narraba allí la historia del Mechudo. Que abrió una peluquería, que siempre había gente dispuesta a arreglar sus cuentas, que solía desparecer por días de la ciudad y cosas por el estilo. “Era una persona –recordó Aeberhard– no puedo decir siniestra, pero de un gran misterio, que transmitía un poco de miedo o cuidado. Nosotros decíamos que estaba medio chiflado. Había días que no abría el negocio. Desaparecía por cuatro o cinco días, y nadie preguntaba nada”. Una mañana se fue sin decir nada, y nunca volvió. No faltaron billeteras para cancelar las cuentas que dejó en la ciudad. “A los pocos días supimos que el Mechudo era uno de los tripulantes del Graf Spee”, remató Dora.

jueves, 16 de diciembre de 2010

DECIR GRACIAS

DECIMOS GRACIAS

Un año que termina muchas veces nos permite encontrar el tiempo para decir GRACIAS. Y, créame que no es una simple y vacía fórmula; No es una mera convención. De alguna extraña manera encuentro en estos días el tiempo para decirle cuánto aprecio, junto a Jabulani Libros, que usted nos visite. Vea, le quiero contar algo: Yo tengo una importante discapacidad física, es algo con lo que no deseo conmover a nadie. Esto más bien explica las falencias que puede tener esta bitácora de la cual soy único responsable. A mis 54 años el “2.0” me agarra grande y tal vez cansado. Pero estoy agradecido de poder llevar adelante este blog. Queda mucho por mejorar. Por ejemplo fijar un perfil de publicación. Estoy trabajando en esto. Hoy gracias a las muy completas estadísticas que nos da Blogger sabemos por ejemplo que uno de los post más vistos fue un cuento de J. L. Borges, por eso estamos publicando una serie de cuentos breves de este genial escritor. También vemos que tenemos una persona que nos lee desde ¡Luxemburgo! Puede ser alguien de nuestra ciudad para quien tal vez seamos un átomo de sus recuerdos, de su identidad. ¡Ojalá lo sea!

Para mejorar cada día más necesitamos de sus comentarios y sugerencias. Es el verdadero sentido de este 2.0: Estar cada vez más unidos y entre todos formar, tejer, una red de verdaderos amigos que nos lleve a una sociedad mejor. ¿Recuerda cuando ni soñábamos con Internet? Ya hacíamos nuestras “Redes Sociales.” En Argentina era el club del barrio con una ventaja: ¡Nadie iba a twitear a nuestros padres las cosas que hacíamos! Ni dónde nos escondíamos con ese chico o chica que como en una tragedia griega nunca era el/la “apropiada.” ¡Ah, qué tiempos no! Tampoco había tipos* como yo molestándolo con ofertas todos los días en el correo electrónico. Y como todo tiempo tiene su encanto, seguramente dentro de diez años, quizá mucho antes, alguien estará desde vaya uno a imaginar qué soporte, extrañará cuando escribía sus cosas en su blog personal. Ya ahora uno se acostumbra a tener cien, quinientos o más seguidores en Facebook y olvida lo artesanal de “conquistar” o cortejar cada seguidor en un blog.

Me resta como portavoz de Jabulani Libros desearle lo mejor y más bello para el próximo año esperando su visita con la misma ilusión con la que esperamos un nuevo año, y porqué no una nueva vida. Muchas gracias por su visita. Saludos desde Argentina.

Un afectuoso abrazo,

Para Mesa De Libros

Mario D. Raffo

(*) En Argentina forma coloquial, a veces despectiva de decir hombres

lunes, 6 de diciembre de 2010

EL EVANGELIO SEGÚN MARCOS

El hecho sucedió en la estancia Los Álamos, en el partido de Junín, hacia el sur, en los últimos días del mes de marzo de 1928. Su protagonista fue un estudiante de medicina, Baltasar Espinosa. Podemos definirlo por ahora como uno de tantos muchachos porteños, sin otros rasgos dignos de nota que esa facultad oratoria que le había hecho merecer más de un premio en el colegio inglés de Ramos Mejía y que una casi ilimitada bondad. No le gustaba discutir; prefería que el interlocutor tuviera razón y no él. Aunque los azares del juego le interesaban, era un mal jugador, porque le desagradaba ganar. Su abierta inteligencia era perezosa; a los treinta y tres años le faltaba rendir una materia para graduarse, la que más lo atraía. Su padre, que era librepensador, como todos los señores de su época, lo había instruido en la doctrina de Herbert Spencer, pero su madre, antes de un viaje a Montevideo, le pidió que todas las noches rezara el Padrenuestro e hiciera la señal de la cruz. A lo largo de los años no había quebrado nunca esa promesa. No carecía de coraje; una mañana había cambiado, con más indiferencia que ira, dos o tres puñetazos con un grupo de compañeros que querían forzarlo a participar en una huelga universitaria. Abundaba, por espíritu de aquiescencia, en opiniones o hábitos discutibles: el país le importaba menos que el riesgo de que en otras partes creyeran que usamos plumas; veneraba a Francia pero menospreciaba a los franceses; tenía en poco a los americanos, pero aprobaba el hecho de que hubiera rascacielos en Buenos Aires; creía que los gauchos de la llanura son mejores jinetes que los de las cuchillas o los cerros. Cuando Daniel, su primo, le propuso veranear en Los Álamos, dijo inmediatamente que sí, no porque le gustara el campo sino por natural complacencia y porque no buscó razones válidas para decir que no. El casco de la estancia era grande y un poco abandonado; las dependencias del capataz, que se llamaba Gutre, estaban muy cerca. Los Gutres eran tres: el padre, el hijo, que era singularmente tosco, y una muchacha de incierta paternidad. Eran altos, fuertes, huesudos, de pelo que tiraba a rojizo y de caras aindiadas. Casi no hablaban. La mujer del capataz había muerto hace años. Espinosa, en el campo, fue aprendiendo cosas que no sabía y que no sospechaba. Por ejemplo, que no hay que galopar cuando uno se está acercando a las casas y que nadie sale a andar a caballo sino para cumplir con una tarea. Con el tiempo llegaría a distinguir los pájaros por el grito. A los pocos días, Daniel tuvo que ausentarse a la capital para cerrar una operación de animales. A lo sumo, el negocio le tomaría una semana. Espinosa, que ya estaba un poco harto de las bonnes fortunes de su primo y de su infatigable interés por las variaciones de la sastrería, prefirió quedarse en la estancia, con sus libros de texto. El calor apretaba y ni siquiera la noche traía un alivio. En el alba, los truenos lo despertaron. El viento zamarreaba las casuarinas. Espinosa oyó las primeras gotas y dio gracias a Dios. El aire frío vino de golpe. Esa tarde, el Salado se desbordó. Al otro día, Baltasar Espinosa, mirando desde la galería los campos anegados, pensó que la metáfora que equipara la pampa con el mar no era, por lo menos esa mañana, del todo falsa, aunque Hudson había dejado escrito que el mar nos parece más grande, porque lo vemos desde la cubierta del barco y no desde el caballo o desde nuestra altura. La lluvia no cejaba; los Gutres, ayudados o incomodados por el pueblero, salvaron buena parte de la hacienda, aunque hubo muchos animales ahogados. Los caminos para llegar a la estancia eran cuatro: a todos los cubrieron las aguas. Al tercer día, una gotera amenazó la casa del capataz; Espinosa les dio una habitación que quedaba en el fondo, al lado del galpón de las herramientas. La mudanza los fue acercando; comían juntos en el gran comedor. El diálogo resultaba difícil; los Gutres, que sabían tantas cosas en materia de campo, no sabían explicarlas. Una noche, Espinosa les preguntó si la gente guardaba algún recuerdo de los malones, cuando la comandancia estaba en Junín. Le dijeron que sí, pero lo mismo hubieran contestado a una pregunta sobre la ejecución de Carlos Primero. Espinosa recordó que su padre solía decir que casi todos los casos de longevidad que se dan en el campo son casos de mala memoria o de un concepto vago de las fechas. Los gauchos suelen ignorar por igual el año en que nacieron y el nombre de quien los engendró. En toda la casa no había otros libros que una serie de la revista La Chacra, un manual de veterinaria, un ejemplar de lujo del Tabaré, una Historia del Shorthorn en la Argentina, unos cuantos relatos eróticos o policiales y una novela reciente: Don Segundo Sombra. Espinosa, para distraer de algún modo la sobremesa inevitable, leyó un par de capítulos a los Gutres, que eran analfabetos. Desgraciadamente, el capataz había sido tropero y no le podían importar las andanzas de otro. Dijo que ese trabajo era liviano, que llevaban siempre un carguero con todo lo que se precisa y que, de no haber sido tropero, no habría llegado nunca hasta la Laguna de Gómez, hasta el Bragado y hasta los campos de los Núñez, en Chacabuco. En la cocina había una guitarra; los peones, antes de los hechos que narro, se sentaban en rueda; alguien la templaba y no llegaba nunca a tocar. Esto se llamaba una guitarreada. Espinosa, que se había dejado crecer la barba, solía demorarse ante el espejo para mirar su cara cambiada y sonreía al pensar que en Buenos Aires aburriría a los muchachos con el relato de la inundación del Salado. Curiosamente, extrañaba lugares a los que no iba nunca y no iría: una esquina de la calle Cabrera en la que hay un buzón, unos leones de mampostería en un portón de la calle Jujuy, a unas cuadras del Once, un almacén con piso de baldosa que no sabía muy bien dónde estaba. En cuanto a sus hermanos y a su padre, ya sabrían por Daniel que estaba aislado —la palabra, etimológicamente, era justa— por la creciente. Explorando la casa, siempre cercada por las aguas, dio con una Biblia en inglés. En las páginas finales los Guthrie —tal era su nombre genuino— habían dejado escrita su historia. Eran oriundos de Inverness, habían arribado a este continente, sin duda como peones, a principios del siglo diecinueve, y se habían cruzado con indios. La crónica cesaba hacia mil ochocientos setenta y tantos; ya no sabían escribir. Al cabo de unas pocas generaciones habían olvidado el inglés; el castellano, cuando Espinosa los conoció, les daba trabajo. Carecían de fe, pero en su sangre perduraban, como rastros oscuros, el duro fanatismo del calvinista y las supersticiones del pampa. Espinosa les habló de su hallazgo y casi no escucharon. Hojeó el volumen y sus dedos lo abrieron en el comienzo del Evangelio según Marcos. Para ejercitarse en la traducción y acaso para ver si entendían algo, decidió leerles ese texto después de la comida. Le sorprendió que lo escucharan con atención y luego con callado interés. Acaso la presencia de las letras de oro en la tapa le diera más autoridad. Lo llevan en la sangre, pensó. También se le ocurrió que los hombres, a lo largo del tiempo, han repetido siempre dos historias: la de un bajel perdido que busca por los mares mediterráneos una isla querida, y la de un dios que se hace crucificar en el Gólgota. Recordó las clases de elocución en Ramos Mejía y se ponía de pie para predicar las parábolas. Los Gutres despachaban la carne asada y las sardinas para no demorar el Evangelio. Una corderita que la muchacha mimaba y adornaba con una cintita celeste se lastimó con un alambrado de púa. Para parar la sangre, querían ponerle una telaraña; Espinosa la curó con unas pastillas. La gratitud que esa curación despertó no dejó de asombrarlo. Al principio, había desconfiado de los Gutres y había escondido en uno de sus libros los doscientos cuarenta pesos que llevaba consigo; ahora, ausente el patrón, él había tomado su lugar y daba órdenes tímidas, que eran inmediatamente acatadas. Los Gutres lo seguían por las piezas y por el corredor, como si anduvieran perdidos. Mientras leía, notó que le retiraban las migas que él había dejado sobre la mesa. Una tarde los sorprendió hablando de él con respeto y pocas palabras. Concluido el Evangelio según Marcos, quiso leer otro de los tres que faltaban; el padre le pidió que repitiera el que ya había leído, para entenderlo bien. Espinosa sintió que eran como niños, a quienes la repetición les agrada más que la variación o la novedad. Una noche soñó con el Diluvio, lo cual no es de extrañar; los martillazos de la fabricación del arca lo despertaron y pensó que acaso eran truenos. En efecto, la lluvia, que había amainado, volvió a recrudecer. El frío era intenso. Le dijeron que el temporal había roto el techo del galpón de las herramientas y que iban a mostrárselo cuando estuvieran arregladas las vigas. Ya no era un forastero y todos lo trataban con atención y casi lo mimaban. A ninguno le gustaba el café, pero había siempre un tacita para él, que colmaban de azúcar. El temporal ocurrió un martes. El jueves a la noche lo recordó un golpecito suave en la puerta que, por las dudas, él siempre cerraba con llave. Se levantó y abrió: era la muchacha. En la oscuridad no la vio, pero por los pasos notó que estaba descalza y después, en el lecho, que había venido desde el fondo, desnuda. No lo abrazó, no dijo una sola palabra; se tendió junto a él y estaba temblando. Era la primera vez que conocía a un hombre. Cuando se fue, no le dio un beso; Espinosa pensó que ni siquiera sabía cómo se llamaba. Urgido por una íntima razón que no trató de averiguar, juró que en Buenos Aires no le contaría a nadie esa historia. El día siguiente comenzó como los anteriores, salvo que el padre habló con Espinosa y le preguntó si Cristo se dejó matar para salvar a todos los hombres. Espinosa, que era librepensador pero que se vio obligado a justificar lo que les había leído, le contestó: —Sí. Para salvar a todos del infierno. Gutre le dijo entonces: —¿Qué es el infierno? —Un lugar bajo tierra donde las ánimas arderán y arderán. —¿Y también se salvaron los que le clavaron los clavos? —Sí —replicó Espinosa, cuya teología era incierta. Había temido que el capataz le exigiera cuentas de lo ocurrido anoche con su hija. Después del almuerzo, le pidieron que releyera los últimos capítulos. Espinosa durmió una siesta larga, un leve sueño interrumpido por persistentes martillos y por vagas premoniciones. Hacia el atardecer se levantó y salió al corredor. Dijo como si pensara en voz alta: —Las aguas están bajas. Ya falta poco. —Ya falta poco —repitió Gutrel, como un eco. Los tres lo habían seguido. Hincados en el piso de piedra le pidieron la bendición. Después lo maldijeron, lo escupieron y lo empujaron hasta el fondo. La muchacha lloraba. Espinosa entendió lo que le esperaba del otro lado de la puerta. Cuando la abrieron, vio el firmamento. Un pájaro gritó; pensó: es un jilguero. El galpón estaba sin techo; habían arrancado las vigas para construir la Cruz. (De "Selección de Cuentos." J. L. Borges.) (Puede adquirirlo aquí.) "

jueves, 25 de noviembre de 2010

EL ESPEJO DE TINTA

La historia sabe que el más cruel de los gobernadores del Sudán fue Yakub el Doliente, que entregó su país a la iniquidad de los recaudadores egipcios y murió en una cámara del palacio, el día catorceno de la luna de barmajat, el año 1842. Algunos insinúan que el hechicero Abderráhmen El Masmudí (cuyo nombre se puede traducir El Servidor del Misericordioso) lo acabó a puñal o a veneno, pero una muerte natural es más verosímil —ya que le decían el Doliente. Sin embargo, el capitán Richard Francis Burton conversó con ese hechicero el año 1853 y cuenta que le refirió lo que copio: "Es verdad que yo padecí cautiverio en el alcázar de Yakub el Doliente, a raíz de la conspiración que fraguó mi hermano Ibrahim, con el fementido y vano socorro de los caudillos negros del Kordofán, que lo denunciaron. Mi hermano pereció por la espada, sobre la piel de sangre de la justicia, pero yo me arrojé a los aborrecidos pies del Doliente y le dije que era hechicero y que si me otorgaba la vida, le mostraría formas y apariencias aún más maravillosas que las del Fanusí jiyal (la linterna mágica). El opresor me exigió una prueba inmediata. Yo pedí una pluma de caña, unas tijeras, una gran hoja de papel veneciano, un cuerno de tinta, un brasero, unas semillas de cilantro y una onza de benjuí. Recorté la hoja en seis tiras, escribí talismanes e invocaciones en las cinco primeras, y en la restante las siguientes palabras que están en el glorioso Qurán: 'Hemos retirado tu velo, y la visión de tus ojos es penetrante'. Luego dibujé un cuadro mágico en la mano derecha de Yakub y le pedí que la ahuecara y vertí un círculo de tinta en el medio. Le pregunté si percibía con claridad su reflejo en el círculo y respondió que sí. Le dije que no alzara los ojos. Encendí el benjuí y el cilantro y quemé las invocaciones en el brasero. Le pedí que nombrara la figura que deseaba mirar. Pensó y me dijo que un caballo salvaje, el más hermoso que pastara en los prados que bordean el desierto. Miró y vio el campo verde y tranquilo y después un caballo que se acercaba, ágil como un leopardo, con una estrella blanca en la frente. Me pidió una tropilla de caballos tan perfectos como el primero, y vio en el horizonte una larga nube de polvo y luego la tropilla. Comprendí que mi vida estaba segura. »Apenas despuntaba la luz del día, dos soldados entraban en mi cárcel y me conducían a la cámara del Doliente, donde ya me esperaban el incienso, el brasero y la tinta. Así me fue exigiendo y le fui mostrando todas las apariencias del mundo. Ese hombre muerto que aborrezco tuvo en su mano cuanto los hombres muertos han visto y ven los que están vivos: las ciudades, climas y reinos en que se divide la tierra, los tesoros ocultos en el centro, las naves que atraviesan el mar, los instrumentos de la guerra, de la música y de la cirugía, las graciosas mujeres, las estrellas fijas y los planetas, los colores que emplean los infieles para pintar sus cuadros aborrecibles, los minerales y las plantas con los secretos y virtudes que encierran, los ángeles de plata cuyo alimento es el elogio y la justificación del Señor, la distribución de los premios en las escuelas, las estatuas de pájaros y de reyes que hay en el corazón de las pirámides, la sombra proyectada por el toro que sostiene la tierra y por el pez que está debajo del toro, los desiertos de Dios el Misericordioso. Vio cosas imposibles de describir, como las calles alumbradas a gas y como la ballena que muere cuando escucha el grito del hombre. Una vez me ordenó que le mostrara la ciudad que se llama Europa. Le mostré la principal de sus calles y creo que fue en ese caudaloso río de hombres, todos ataviados de negro y muchos con anteojos, que vio por la primera vez al Enmascarado. »Esa figura, a veces con el traje sudanés, a veces de uniforme, pero siempre con un paño sobre la cara, penetró desde entonces en las visiones. Era infaltable y no conjeturábamos quién era. Sin embargo, las apariencias del espejo de tinta, momentáneas o inmóviles al principio, eran más complejas ahora; ejecutaban sin demora mis órdenes y el tirano las seguía con claridad. Es cierto que los dos solíamos quedar extenuados. El carácter atroz de las escenas era otra fuente de cansancio. No eran sino castigos, cuerdas, mutilaciones, deleites del verdugo y del cruel. »Así arribamos al amanecer del día catorceno de la luna de barmajat. El círculo de tinta había sido marcado en la mano, el benjuí arrojado al brasero, las invocaciones quemadas. Estábamos solos los dos. El Doliente me dijo que le mostrara un inapelable y justo castigo, porque su corazón, ese día, apetecía ver una muerte. Le mostré los soldados con los tambores, la piel de becerro estirada, las personas dichosas de mirar, el verdugo con la espada de la justicia. Se maravilló al mirarlo y me dijo: Es Abu Kir, el que ajustició a tu hermano Ibrahim, el que cerrará tu destino cuando me sea deparada la ciencia de convocar estas figuras sin tu socorro. Me pidió que trajeran al condenado. Cuando lo trajeron se demudó, porque era el hombre inexplicable del lienzo blanco. Me ordenó que antes de matarlo le sacaran la máscara. Yo me arrojé a sus pies y dije: Oh, rey del tiempo y sustancia y suma del siglo, esta figura no es como las demás, porque no sabemos su nombre ni el de sus padres ni el de la ciudad que es su patria, de suerte que yo no me atrevo a tocarla, por no incurrir en una culpa de la que tendré que dar cuenta. Se rió el Doliente y acabó por jurar que él cargaría con la culpa, si culpa había. Lo juró por la espada y el Qurán. Entonces ordené que desnudaran al condenado y que lo sujetaran sobre la estirada piel de becerro y que le arrancaran la máscara. Esas cosas se hicieron. Los espantados ojos de Yakub pudieron ver por fin esa cara —que era la suya propia. Se cubrió de miedo y locura. Le sujeté la diestra temblorosa con la mía que estaba firme y le ordené que continuara mirando la ceremonia de su muerte. Estaba poseído por el espejo: ni siquiera trató de alzar los ojos o de volcar la tinta. Cuando la espada se abatió en la visión sobre la cabeza culpable, gimió con una voz que no me apiadó, y rodó al suelo, muerto. »La gloria sea con Aquel que no muere y tiene en su mano las dos llaves del Ilimitado Perdón y del Infinito Castigo." (Del libro The Lake Regions of Equatorial Africa, de R.F. Burton.)

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA VIUDA CHING, PIRATA

La palabra corsarias corre el albur de despertar un recuerdo que es vagamente incómodo: el de una ya descolorida zarzuela, con sus teorías de evidentes mucamas, que hacían de piratas coreográficas en mares de notable cartón. Sin embargo, ha habido corsarias: mujeres hábiles en la maniobra marinera, en el gobierno de tripulaciones bestiales y en la persecución y saqueo de naves de alto bordo. Una de ellas fue Mary Read, que declaró una vez que la profesión de pirata no era para cualquiera, y que, para ejercerla con dignidad, era preciso ser un hombre de coraje, como ella. En los charros principios de su carrera, cuando no era aún capitana, uno de sus amantes fue injuriado por el matón de a bordo. Mary lo retó a duelo y se batió con él a dos manos, según la antigua usanza de las islas del Mar Caribe: el profundo y precario pistolón en la mano izquierda, el sable fiel en la derecha. El pistolón falló, pero la espada se portó como buena... Hacia 1720 la arriesgada carrera de Mary Read fue interrumpida por una horca española, en Santiago de la Vega (Jamaica).

Otra pirata de esos mares fue Anne Bonney, que era una irlandesa resplandeciente, de senos altos y de pelo fogoso, que más de una vez arriesgó su cuerpo en el abordaje de naves. Fue compañera de armas de Mary Read, y finalmente de horca. Su amante, el capitán John Rackam, tuvo también su nudo corredizo en esa función. Anne, despectiva, dio con esta áspera variante de la reconvención de Aixa a Boabdil: "Si te hubieras batido como un hombre no te ahorcarían como a un perro".

Otra, más venturosa y longeva, fue una pirata que operó en las aguas del Asia, desde el Mar Amarillo hasta los ríos de la frontera del Annam. Hablo de la aguerrida viuda de Ching.

LOS AÑOS DE APRENDIZAJE

Hacia 1797, los accionistas de las muchas escuadras piráticas de ese mar fundaron un consorcio y nombraron almirante a un tal Ching, hombre justiciero y probado. Éste fue tan severo y ejemplar en el saqueo de las costas que los habitantes despavoridos imploraron con dádivas y lágrimas el socorro imperial. Su lastimosa petición no fue desoída: recibieron la orden de poner fuego a sus aldeas, de olvidar sus quehaceres de pesquería, de emigrar tierra adentro y aprender una ciencia desconocida llamada agricultura. Así lo hicieron, y los frustrados invasores no hallaron sino costas desiertas. Tuvieron que entregarse, por consiguiente, al asalto de naves: depredación aún más nociva que la anterior, pues molestaba seriamente al comercio. El gobierno imperial no vaciló y ordenó a los antiguos pescadores el abandono del arado y la yunta y la restauración de remos y redes. Éstos se amotinaron, fieles al antiguo temor, y las autoridades resolvieron otra conducta: nombrar al almirante Ching jefe de los Establos Imperiales. Éste iba a aceptar el soborno. Los accionistas lo supieron a tiempo, y su virtuosa indignación se manifestó en un plato de orugas envenenadas, cocidas con arroz. La golosina fue fatal: el antiguo almirante y jefe novel de los Establos Imperiales entregó su alma a las divinidades del mar. La viuda, transfigurada por la doble traición, congregó a los piratas, les reveló el enredado caso y los instó a rehusar la clemencia falaz del Emperador y el ingrato servicio de los accionistas de afición envenenadora. Les propuso el abordaje por cuenta propia y la votación de un nuevo almirante. La elegida fue ella. Era una mujer sarmentosa, de ojos dormidos y sonrisa cariada. El pelo renegrido y aceitado tenía más resplandor que los ojos.

A sus tranquilas órdenes, las naves se lanzaron al peligro y al alto mar.

EL COMANDO

Trece años de metódica aventura se sucedieron. Seis escuadrillas integraban la armada, bajo banderas de diverso color: la roja, la amarilla, la verde, la negra, la morada y la de la serpiente, que era de la nave capitana. Los jefes se llamaban Pájaro y Piedra, Castigo de Agua de la Mañana, Joya de la Tripulación, Ola con Muchos Peces y Sol Alto. El reglamento, redactado por la viuda Ching en persona, es de una inapelable severidad, y su estilo justo y lacónico prescinde de las desfallecidas flores retóricas que prestan una majestad más bien irrisoria a la manera china oficial, de la que ofreceremos después algunos alarmantes ejemplos. Copio algunos artículos:

"Todos los bienes transbordados de naves enemigas pasarán a un depósito y serán allí registrados. Una quinta parte de lo aportado por cada pirata le será entregada después; el resto quedará en el depósito. La violación de esta ordenanza es la muerte.

»La pena del pirata que hubiere abandonado su puesto sin permiso especial será la perforación pública de sus orejas. La reincidencia en esta falta es la muerte.

»El comercio con las mujeres arrebatadas en las aldeas queda prohibido sobre cubierta; deberá limitarse a la bodega y nunca sin el permiso del sobrecargo. La violación de esta ordenanza es la muerte."

Informes suministrados por prisioneros aseguran que el rancho de esos piratas consistía principalmente en galleta, en obesas ratas cebadas y arroz cocido, y que, en los días de combate, solían mezclar pólvora con su alcohol. Naipes y dados fraudulentos, la copa y el rectángulo del "fantan", la visionaria pipa del opio y la lamparita distraían las horas. Dos espadas de empleo simultáneo eran las armas preferidas. Antes del abordaje, se rociaban los pómulos y el cuerpo con una infusión de ajo; seguro talismán contra las ofensas de las bocas de fuego.

La tripulación viajaba con sus mujeres, pero el capitán con su harem, que era de cinco o seis, y que solían renovar las victorias.

(J. L. Borges, fragmento)

jueves, 18 de noviembre de 2010

¡AH, AQUELLAS PELÍCULAS...!

Quizá a usted le pase como a mí: Como estoy agobiado por una realidad que muchas veces me supera y me falta "tiempo" como para "perderlo" leyendo; o estoy demasiado cansado para eso; busco un "chupete psicológico" que lo reemplace. El reemplazo está en lo que el TV puede mostrar (Léase: Películas) En este momento Jabulani está abriendo a sus visitantes el mundo de las películas clásicas, contemporáneas, documentales de información o educativos, y series o miniseries ya emitidas. (Excluyendo las XXX). Pero no corremos detrás de los estrenos, eso lo dejamos para los Video-Clubes. Apelamos al recuerdo, la nostalgia, la ocasión perdida o la falta de tiempo. El recuerdo, porque conseguirle aquella película que vio en su juventud y quedó marcada en la memoria y ahora quiere recuperar para volver a vivir ese mágico momento. La nostalgia; porque siempre hubo una película que quiso ver y no pudo por distintas razones o una banda de sonido que identifica pero no sabe a que contexto pertenece o simplemente la asocia a algún romance (trunco o no) de años pasados. Esa película se la podemos conseguir. Muchas veces llegó a su casa derrengado de cansancio, prendió la TV y (¡maldición!) una flor de película estaba empezada, o vio en la revista del cable un título que pasaban en día u hora imposibles de ver. Esa también la podemos conseguir. FACTURAMOS CADA VENTA. ¿Costos? Al público cada DVD (presentado en caja con carátula en colores) $ 25.- Al interior de la República Argentina se puede enviar Contra reembolso (los gastos de envío son por cuenta del comprador -como en todas partes-) Esperamos que el almacén de su memoria desempolve algún título y nos ponga a prueba. Consulte o pida mayor información.

Atte. Mario Raffo p/ Jabulani - División Entretenimientos ------------------------------------------------------------------------------

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lunes, 15 de noviembre de 2010

--- El vie 12-nov-10, Rubelinda Borghese escribió: De: Rubelinda Borghese Asunto: Urgente !!!!!!!! Para: Fecha: viernes, 12 de noviembre de 2010, 23:13 HOLA; DECILE A TODOS LOS CONTACTOS DE TU LISTA, QUE NO ACEPTEN UN VIDEO LLAMADOANILLOS DUREX , ES UN VIRUS QUE FORMATEA EL DISCO RIGIDO Y EL DE TUS CONTACTOS Y, ADEMÁS, TE QUITA LA CONTRASEÑA DE HOTMAIL. ¡¡¡ OJO !!!, SI ELLOS LO ACEPTAN, LO AGARRÁS VOS TAMBIÉN, MÁNDALO URGENTEMENTE A TODOS ELLOS, ES UN MENSAJE DE IMPORTANCIA, SIMPLEMENTE COPIA Y PEGA

jueves, 11 de noviembre de 2010

PARA DIVULGAR


Realmente, para divulgar. Esta es una invitación a reflexionar y a sumarse, para manifestar un repudio concreto y hacerlo oír.

Ya no hay control, no hay horario. Está en todos los canales y horarios! Prender la tele es insalubre!


Marcelo Tinelli puede ser procesado por Lenocinio.
Ricardo Fort y Marcelo Tinelli estuvieron armando juntos en el programa Show Match una desagradable propuestas para "jóvenes bonitas hasta 40" años que quieran aceptar ser mujer de Fort a cambio de dinero, auto, tarjeta de crédito... Fort, a través del programa de Tinelli, compra favores públicamente, seduce con dinero y la promesa de una supuesta buena vida a las mujeres convocadas.
Corromper a una persona para que entregue su cuerpo y su dignidad por dinero es facilitar y alentar esa corrupción, con el agravante de ser apoyada y divulgada en un programa líder en audiencia que, aparentemente por esta razón, parece tener impunidad absoluta.
Hace rato que venimos asistiendo a esta desnaturalización que promueve Tinelli aparentemente sin límites, instalando en el imaginario colectivo la idea de que es "normal" o "natural" que la mujeres se desnuden y se presten para las consignas más degradantes, y las personas en general se rebajen a ser objeto y pierdan lo que las dignifica y humaniza por dinero (y hablamos de TODOS los participantes del programa).
Este es el mensaje: "Todos entregan el orto por dinero", así, literalmente. Se empeña en querer convencernos de que todas las personas abandonamos nuestra dignidad, los valores más esenciales, los lazos de solidaridad sustentados en el valor real por la vida de los otros y por la nuestra, por DINERO. Y en esto, redobla el mensaje del sistema.
En síntesis, Tinelli promueve además de misoginia y prostitución (no sólo de las mujeres), la desvalorización absoluta de las personas y de la VIDA.
Pero lo peor es que utiliza un doble discurso (Bailando por un Sueño, un sueño que supuestamente es para ayudar a otro/s y a costa de ofrecerse a la pantalla como objeto).
Anteriormente se logró que levantara el programa de Bailando Kids, porque muchas organizaciones y personas independientes firmamos una solicitada y se movieron muchas voluntades para darle de baja.
Este mail tiene el objetivo de despertar un poco de conciencia sobre la gravedad de la situación (no es nada menor ni inocente) y de combatir la idea de la impunidad e invulnerabilidad de Tinelli y Cía.
DEJÁ DE VERLO y no creas que lo estás viendo críticamente y por eso estás "a salvo".
LA MEJOR MANERA QUE TENEMOS A NUESTRO ALCANCE PARA DECIR "NO" ES CAMBIANDO DE CANAL O APAGANDO LA TV. NO LE DES RAITING al desamor, al vacío, a la ausencia de valores...

Delitos contra la integridad sexual.
Prostitución de mayores de 18 años (lenocinio): El artículo 126º fija que “será reprimido con reclusión o prisión de cuatro a diez años, el que con ánimo de lucro o para satisfacer deseos ajenos promoviere o facilitare la prostitución de mayores de dieciocho años de edad mediando engaño, abuso de una relación de dependencia o de poder, violencia, amenaza o cualquier otro medio de intimidación o coerción”.
Esta figura se llama también “lenocinio” (donde no se prevén agravantes), siendo sus elementos:
1) La acción es promover o facilitar la prostitución mediante engaños, violencia o abuso en la relación (que deben existir obligatoriamente, pues son elementos constitutivos);
2) La víctima debe tener más de 18 años; y
3) Es un delito doloso (conocimiento que se está prostituyendo a una persona y voluntad de hacerlo) cuyo elemento subjetivo es el ánimo de lucro o de satisfacer deseos ajenos (quedan excluidos los deseos propios).

lunes, 1 de noviembre de 2010

CAMPAÑA IMPORTANTE. PUEDE SALVARNOS LA VIDA

(IMPORTANTE)


Los trabajadores de las ambulancias y de las urgencias médicas se han dado cuenta de que los heridos en accidentes de carretera o los enfermos que llegan inconscientes a los servicios de urgencias, llevan consigo un teléfono móvil.


Sin embargo, estos profesionales de la medicina, a la hora de llamar a los allegados del enfermo o accidentado, no saben a qué número llamar de la larga lista de contactos que suele haber en un teléfono móvil.


Por ello, lanzan la idea de que todas las personas añadan a su agenda del teléfono móvil el número de la persona a contactar en caso de emergencia, bajo el epígrafe de AA Emergencia.

Las letras AA son para que el epígrafe aparezca siempre como primer contacto en la lista..
Es sencillo, no cuesta nada y puede ayudar mucho. Si te parece bien, pasa este mensaje al mayor número posible de personas. Es un dato que registramos en segundos y puede ser nuestra salvación.
¡¡¡No destruyas este mensaje!!!
Reenvíelo a quien pueda serla de utilidad.

CRUZ ROJA INTERNACIONAL








Se certificó que el correo no contiene virus.
Comprobada por AVG - www.avg.es
Versión: 10.0.1153 / Base de datos de virus: 424/3231 - Fecha de la versión: 01/11/2010

martes, 12 de octubre de 2010

RV: Eduardo Galeano: 12 de octubre, nada que festejar.

           


De: carlos legarreta

Enviado el: Martes, 12 de Octubre de 2010 09:11 a.m.
Asunto: Eduardo Galeano: 12 de octubre, nada que festejar.

 

 

12 de Octubre: Nada que festejar
Por Eduardo Galeano
CINCO SIGLOS DE PROHIBICIÓN DEL ARCO IRIS EN EL CIELO AMERICANO.


El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe.

En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó.

Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado.

Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser.

Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible.

América, ciega de racismo, no las ve.

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana.

 

Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.

El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales.

De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.)

Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir el nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero.

Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?

Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas.

El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios. Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio.

 

En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista.

Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria.

La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y

plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de
comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus
refugios comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en
la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre
y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O
salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil.

El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los
indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo
que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a
nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar
esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el
verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta
desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie.

El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas,
a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y
canta lo que le cuenta el martín pescador:
-No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces
del río y beberemos el viento.
Y canta lo que le cuenta la neblina:
-Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío. Y canta lo
que le cuentan los caballos del cielo:
-Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.

Pero los misioneros de una secta evangélica han obligado al chamán a
dejar sus plumas y sus sonajas y sus cánticos, por ser cosas del Diablo; y
él ya no puede curar las mordeduras de víboras, ni traer la lluvia en
tiempos de sequía, ni volar sobre la tierra para cantar lo que ve. En una
entrevista con Ticio Escobar, el shamán dice: Dejo de cantar y me enfermo.
Mis sueños no saben adónde ir y me atormentan. Estoy viejo, estoy
lastimado. Al final, ¿de qué me sirve renegar de lo mío?

El shamán lo dice en 1986. En 1614, el arzobispo de Lima había mandado
quemar todas las quenas y demás instrumentos de música de los indios, y
había prohibido todas sus danzas y cantos y ceremonias para que el demonio
no pueda continuar ejerciendo sus engaños. Y en 1625, el oidor de la Real
Audiencia de Guatemala había prohibido las danzas y cantos y ceremonias de
los indios, bajo pena de cien azotes, porque en ellas tienen pacto con los
demonios.

Para despojar a los indios de su libertad y de sus bienes, se despoja a
los indios de sus símbolos de identidad. Se les prohíbe cantar y danzar y
soñar a sus dioses, aunque ellos habían sido por sus dioses cantados y
danzados y soñados en el lejano día de la Creación. Desde los frailes y
funcionarios del reino colonial, hasta los misioneros de las sectas
norteamericanas que hoy proliferan en América Latina, se crucifica a los
indios en nombre de Cristo: para salvarlos del infierno, hay que
evangelizar a los paganos idólatras. Se usa al Dios de los cristianos como
coartada para el saqueo.

El arzobispo Desmond Tutu se refiere al África, pero también vale para
América:
-Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. 

Y nos dijeron:
"Cierren los ojos y recen". 

Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Los doctores del Estado moderno, en cambio, prefieren la coartada de la
ilustración: para salvarlos de las tinieblas, hay que civilizar a los
bárbaros ignorantes. Antes y ahora, el racismo convierte al despojo
colonial en un acto de justicia. El colonizado es un sub-hombre, capaz de
superstición pero incapaz de religión, capaz de folclore pero incapaz de
cultura: el sub-hombre merece trato subhumano, y su escaso valor
corresponde al bajo precio de los frutos de su trabajo. El racismo legitima
la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los
diversos niveles de sus humillaciones sucesivas.

América Latina trata a sus indios como las grandes potencias tratan a América Latina.

Gabriel René-Moreno fue el más prestigioso historiador boliviano del
siglo pasado. Una de las universidades de Bolivia lleva su nombre en
nuestros días. Este prócer de la cultura nacional creía que los indios son
asnos, que generan mulos cuando se cruzan con la raza blanca. Él había
pesado el cerebro indígena y el cerebro mestizo, que según su balanza
pesaban entre cinco, siete y diez onzas menos que el cerebro de raza
blanca, y por tanto los consideraba celularmente incapaces de concebir la
libertad republicana.

El peruano Ricardo Palma, contemporáneo y colega de Gabriel René-Moreno,
escribió que los indios son una raza abyecta y degenerada. Y el argentino
Domingo Faustino Sarmiento elogiaba así la larga lucha de los indios
araucanos por su libertad: Son más indómitos, lo que quiere decir: animales
más reacios, menos aptos para la Civilización y la asimilación europea.

El más feroz racismo de la historia latinoamericana se encuentra en las
palabras de los intelectuales más célebres y celebrados de fines del siglo
diecinueve y en los actos de los políticos liberales que fundaron el Estado
moderno. A veces, ellos eran indios de origen, como Porfirio Díaz, autor de
la modernización capitalista de México, que prohibió a los indios caminar
por las calles principales y sentarse en las plazas públicas si no
cambiaban los calzones de algodón por el pantalón europeo y los huaraches
por zapatos.

Eran los tiempos de la articulación al mercado mundial regido por el
Imperio Británico, y el desprecio científico por los indios otorgaba
impunidad al robo de sus tierras y de sus brazos.

El mercado exigía café, pongamos el caso, y el café exigía más tierras y
más brazos. Entonces, pongamos por caso, el presidente liberal de
Guatemala, Justo Rufino Barrios, hombre de progreso, restablecía el trabajo
forzado de la época colonial y regalaba a sus amigos tierras de indios y
peones indios en cantidad.

El racismo se expresa con más ciega ferocidad en países como Guatemala,
donde los indios siguen siendo porfiada mayoría a pesar de las frecuentes
oleadas exterminadoras. En nuestros días, no hay mano de obra peor pagada:
los indios mayas reciben 65 centavos de dólar por cortar un quintal de café
o de algodón o una tonelada de caña. Los indios no pueden ni plantar maíz
sin permiso militar y no pueden moverse sin permiso de trabajo. El ejército
organiza el reclutamiento masivo de brazos para las siembras y cosechas de
exportación.

En las plantaciones, se usan pesticidas cincuenta veces más tóxicos que
el máximo tolerable; la leche de las madres es la más contaminada del mundo
occidental. Rigoberta Menchú: su hermano menor, Felipe, y su mejor amiga,
María, murieron en la infancia, por causa de los pesticidas rociados desde
las avionetas. Felipe murió trabajando en el café. María, en el algodón. A
machete y bala, el ejército acabó después con todo el resto de la familia
de Rigoberta y con todos los demás miembros de su comunidad. Ella
sobrevivió para contarlo.

Con alegre impunidad, se reconoce oficialmente que han sido borradas del
mapa 440 aldeas indígenas entre 1981 y 1983, a lo largo de una campaña de
aniquilación más extensa, que asesinó o desapareció a muchos miles de
hombres y de mujeres. La limpieza de la sierra, plan de tierra arrasada,
cobró también las vidas de una incontable cantidad de niños. Los militares
guatemaltecos tienen la certeza de que el vicio de la rebelión se transmite
por los genes.

Una raza inferior, condenada al vicio y a la holgazanería, incapaz de
orden y progreso, ¿merece mejor suerte? La violencia institucional, el
terrorismo de Estado, se ocupa de despejar las dudas. Los conquistadores ya
no usan caparazones de hierro, sino que visten uniformes de la guerra de
Vietnam. Y no tienen piel blanca: son mestizos avergonzados de su sangre o
indios enrolados a la fuerza y obligados a cometer crímenes que los
suicidan.

Guatemala desprecia a los indios, Guatemala se auto desprecia. Esta raza
inferior había descubierto la cifra cero, mil años antes de que los
matemáticos europeos supieran que existía. Y habían conocido la edad del
universo, con asombrosa precisión, mil años antes que los astrónomos de
nuestro tiempo.

Los mayas siguen siendo viajeros del tiempo: ¿Qué es un hombre en el
camino? Tiempo.

Ellos ignoraban que el tiempo es dinero, como nos reveló Henry Ford. El
tiempo, fundador del espacio, les parece sagrado, como sagrados son su
hija, la tierra, y su hijo, el ser humano: como la tierra, como la gente,
el tiempo no se puede comprar ni vender. La Civilización sigue haciendo lo
posible por sacarlos del error.

¿Civilización? La historia cambia según la voz que la cuenta. En
América, en Europa o en cualquier otra parte. Lo que para los romanos fue
la invasión de los bárbaros, para los alemanes fue la emigración al sur.

No es la voz de los indios la que ha contado, hasta ahora, la historia
de América. En las vísperas de la conquista española, un profeta maya, que
fue boca de los dioses, había anunciado: Al terminar la codicia, se
desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán los pies del mundo.
Y cuando se desate la boca, ¿qué dirá? ¿Qué dirá la otra voz, la jamás
escuchada? Desde el punto de vista de los vencedores, que hasta ahora ha
sido el punto de vista único, las costumbres de los indios han confirmado
siempre su posesión demoníaca o su inferioridad biológica. Así fue desde
los primeros tiempos de la vida colonial:

¿Se suicidan los indios de las islas del mar Caribe, por negarse al
trabajo esclavo? Porque son holgazanes.

¿Andan desnudos, como si todo el cuerpo fuera cara? Porque los salvajes
no tienen vergüenza.

¿Ignoran el derecho de propiedad, y comparten todo, y carecen de afán de
riqueza? Porque son más parientes del mono que del hombre.

¿Se bañan con sospechosa frecuencia? Porque se parecen a los herejes de
la secta de Mahoma, que bien arden en los fuegos de la Inquisición.

¿Jamás golpean a los niños, y los dejan andar libres? Porque son
incapaces de castigo ni doctrina.

¿Creen en los sueños, y obedecen a sus voces? Por influencia de Satán o
por pura estupidez.

¿Comen cuando tienen hambre, y no cuando es hora de comer? Porque son
incapaces de dominar sus instintos.

¿Aman cuando sienten deseo? Porque el demonio los induce a repetir el
pecado original.

¿Es libre la homosexualidad? ¿La virginidad no tiene importancia alguna?
Porque viven en la antesala del infierno.

En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores:
-Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió?
El cacique había sido elegido por los ancianos de las comunidades.
¿Había sido el rey de Castilla elegido por los ancianos de sus comunidades?

La América precolombina era vasta y diversa, y contenía modos de democracia
que Europa no supo ver, y que el mundo ignora todavía.

 

En la tradición guaraní, por ejemplo, los caciques se eligen en
asambleas de hombres y mujeres -y las asambleas los destituyen si no
cumplen el mandato colectivo. En la tradición iroquesa, hombres y mujeres
gobiernan en pie de igualdad. Los jefes son hombres; pero son las mujeres
quienes los ponen y deponen y ellas tienen poder de decisión, desde el
Consejo de Matronas, sobre muchos asuntos fundamentales de la confederación
entera. Allá por el año 1600, cuando los hombres iroqueses se lanzaron a
guerrear por su cuenta, las mujeres hicieron huelga de amores. Y al poco
tiempo los hombres, obligados a dormir solos, se sometieron al gobierno
compartido.

En 1919, el jefe militar de Panamá en las islas de San Blas, anunció su
triunfo:
-Las indias kunas ya no vestirán molas, sino vestidos civilizados.
Y anunció que las indias nunca se pintarían la nariz sino las mejillas,
como debe ser, y que nunca más llevarían aros en la nariz, sino en las
orejas. Como debe ser.

Setenta años después de aquel canto de gallo, las indias kunas de
nuestros días siguen luciendo sus aros de oro en la nariz pintada, y siguen
vistiendo sus molas, hechas de muchas telas de colores que se cruzan con
siempre asombrosa capacidad de imaginación y de belleza: visten sus molas
en la vida y con ella se hunden en la tierra, cuando llega la muerte.

En 1989, en vísperas de la invasión norteamericana, el general Manuel
Noriega aseguró que Panamá era un país respetuosos de los derechos humanos:
-No somos una tribu -aseguró el general.

Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho
fértiles los desiertos en la cordillera de los Andes. Las tecnologías
modernas, en manos del latifundio privado de exportación, están
convirtiendo en desiertos las tierras fértiles en los Andes y en todas
partes.

Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de
producción; pero no menos absurdo es ignorar las catástrofes de un sistema
que exprime al hombre y arrasa los bosques y viola la tierra y envenena los
ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menor. ¿No es absurdo
sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del mercado
internacional? En ese absurdo vivimos; y lo aceptamos como si fuera nuestro
único destino posible.

Las llamadas culturas primitivas resultan todavía peligrosas porque no
han perdido el sentido común. Sentido común es también, por extensión
natural, sentido comunitarios. Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de
tener dueño la tierra? Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra vamos,
¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete? La
tierra es cuna y sepultura, madre y compañera. Se le ofrece el primer trago
y el primer bocado; se le da descanso, se la protege de la erosión. El
sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El
racismo es también una máscara del miedo.

¿Qué sabemos de las culturas indígenas? Lo que nos han contado las
películas del Far West. Y de las culturas africanas, ¿qué sabemos? Lo que
nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca estuvo.

Dice un poeta del interior de Bahía: Primero me robaron del África.
Después robaron el África de mi. La memoria de América ha sido mutilada por
el racismo. Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa, y de nadie
más.

A fines del siglo pasado, un médico inglés, John Down, identificó el
síndrome que hoy lleva su nombre. Él creyó que la alteración de los
cromosomas implicaba un regreso a las razas inferiores, que generaba
mongolian idiots, negroid idiots y aztec idiots.

Simultáneamente, un médico italiano, Cesare Lombrosos, atribuyó al
criminal nato los rasgos físicos de los negros y de los indios.

Por entonces, cobró base científica la sospecha de que los indios y los
negros son proclives, por naturaleza, al crimen y a la debilidad mental.
Los indios y los negros, tradicionales instrumentos de trabajo, vienen
siendo también desde entonces, objetos de ciencia.

En la misma época de Lombroso y Down, un médico brasileño, Raimundo Nina
Rodrigues, se puso a estudiar el problema negro. Nina Rodrigues, que era
mulato, llegó a la conclusión de que la mezcla de sangres perpetúa los
caracteres de las razas inferiores, y que por tanto la raza negra en el
Brasil ha de constituir siempre uno de los factores de nuestra inferioridad
como pueblo. Este médico psiquiatra fue el primer investigador de la
cultura brasileña de origen africano. La estudió como caso clínico: las
religiones negras, como patología; los trances, como manifestaciones de
histeria. Poco después, un médico argentino, el socialista José Ingenieros,
escribió que los negros, oprobiosa escoria de la raza humana, están más
próximos de los monos antropoides que de los blancos civilizados. Y para
demostrar su irremediable inferioridad, Ingenieros comprobaba: Los negros
no tienen ideas religiosas.

En realidad, las ideas religiosas habían atravesado la mar, junto a los
esclavos, en los navíos negreros. Una prueba de obstinación de la dignidad
humana: a las costas americanas solamente llegaron los dioses del amor y de
la guerra. En cambio, los dioses de la fecundidad, que hubieran
multiplicado las cosechas y los esclavos del amo, se cayeron al agua.

Los dioses peleones y enamorados que completaron la travesía, tuvieron
que disfrazarse de santos blancos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a
los millones de hombres y mujeres violentamente arrancados del África y
vendidos como cosas. Ogum, dios del hierro, se hizo pasar por san Jorge o
san Antonio o san Miguel, Shangó, con todos sus truenos y sus fuegos, se
convirtió en santa Bárbara. Obatalá fue Jesucristo y Oshún, la divinidad de
las aguas dulces, fue la Virgen de la Candelaria...

Dioses prohibidos. En las colonias españolas y portuguesas y en todas
las demás: en las islas inglesas del Caribe, después de la abolición de la
esclavitud se siguió prohibiendo tocar tambores o sonar vientos al modo
africano, y se siguió penando con cárcel la simple tenencia de una imagen
de cualquier dios africano. Dioses prohibidos, porque peligrosamente
exaltan las pasiones humanas, y en ellas encarnan. Friedrich Nietzsche dijo
una vez:
-Yo sólo podría creer en un dios que sepa danzar.
Como José Ingenieros, Nietzsche no conocía a los dioses africanos. Si

los hubiera conocido, quizá hubiera creído en ellos. Y quizá hubiera
cambiado algunas de sus ideas. José Ingenieros, quién sabe.

La piel oscura delata incorregibles defectos de fábrica. Así, la
tremenda desigualdad social, que es también racial, encuentra su coartada
en las taras hereditarias. Lo había observado Humboldt hace doscientos
años, y en toda América sigue siendo así: la pirámide de las clases
sociales es oscura en la base y clara en la cúspide. En el Brasil, por
ejemplo, la democracia racial consiste en que los más blancos están arriba
y los más negros abajo.

James Baldwin, sobre los negros en Estados Unidos:
-Cuando dejamos Mississipi y vinimos al Norte, no encontramos la
libertad. Encontramos los peores lugares en el mercado de trabajo; y en
ellos estamos todavía.

Un indio del Norte argentino, Asunción Ontíveros Yulquila, evoca hoy el
trauma que marcó su infancia:
-Las personas buenas y lindas eran las que se parecían a Jesús y a la
Virgen.
Pero
mi padre y mi madre no se parecían para nada a las imágenes de
Jesús y la Virgen María que yo veía en la iglesia de Abra Pampa.

La cara propia es un error de la naturaleza. La cultura propia, una
prueba de ignorancia o una culpa que expiar. Civilizar es corregir.

El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitamente
condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos
impide ver las causas reales de nuestra desventura histórica. Además, el
racismo nos impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que
las culturas despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en
ellas encarnan todavía, mal que bien, a pesar de los siglos de persecución,
humillación y degradación. Esos valores fundamentales no son objetos de
museo. Son factores de historia, imprescindibles para nuestra
imprescindible invención de una América sin mandones ni mandados. Esos
valores acusan al sistema que los niega.

Hace algún tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le
resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz
de descubrir, me dijo:
-Es el oprimido el que descubre al opresor.
Él creía que el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La
verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido. Ignacio
Ellacuría fue acribillado a balazos, por creer en esa imperdonable
capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su poder de
profecía.

¿Lo asesinaron los militares de El Salvador, o lo asesinó un sistema que
no puede tolerar la mirada que lo delata?

Tomado de: Eduardo Galeano, Ser como ellos y otros artículos.

Siglo Veintiuno Editores, México, 1992

Atte. Carlos Alberto Legarreta


 

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jueves, 23 de septiembre de 2010

Proclama del Grl MANUEL BELGRANO a las tropas en Jujuy]

"Manuel Belgrano, General en Jefe, al Ejército a su mando.

Soldados, hijos dignos de la Patria, camaradas míos: dos años ha que por primera vez resonó en estas regiones el eco de la libertad, y él continúa propagándose hasta por las cavernas más recónditas de los Andes; pues que no es obra de los hombres, sino del Dios Omnipotente, que permitió a los Americanos que se nos presentase la ocasión de entrar al goce de nuestros derechos: el 25 de Mayo será para siempre memorable en los anales de nuestra historia, y vosotros tendréis un motivo más para recordarlo, cuando, en él por primera vez, veis la Bandera Nacional en mis manos que ya os distingue de las demás naciones del globo, sin embargo de los esfuerzos que han hecho los enemigos de la sagrada causa que defendemos, para echarnos cadenas aún más pesadas que las que cargabais.

Pero esta gloria debemos sostenerla de un modo digno, con la unión, la constancia y el exacto cumplimiento de nuestras obligaciones hacia Dios, hacia nosotros mismos; a fin de que la Patria se goce de abrigar en su seno hijos tan beneméritos, y pueda presentarla a la posteridad como modelos que haya de tener a la vista para conservarla libre de enemigos y en el lleno de su felicidad. Mi corazón rebosa de alegría al observar en vuestros semblantes, que están adornados de tan generosos y nobles sentimientos, y que yo no soy más que un jefe a quien vosotros impulsáis con vuestros hechos, con vuestro ardor, con vuestro patriotismo. Sí, os seguiré, imitando vuestras acciones y todo el entusiasmo de que sólo son capaces los hombres libres para sacar a sus hermanos de la opresión. Ea, pues, soldados de la Patria, no olvidéis jamás que nue! stra obra es de Dios; Que él nos ha concedido esta Bandera, que nos manda que la sostengamos, y que no hay una sola coa que no nos empeñe a mantenerla con el honro y decoro que le corresponde. Nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros conciudadanos, todos, todos, fijan en vosotros la vista y deciden que a vosotros es a quienes corresponderá todo su reconocimiento si continuáis en el camino de la gloria que os habéis abierto. Jurad conmigo ejecutarlo así, y en prueba de ello repetid: ¡Viva la Patria!."

 



--
F C MACHINANDIARENA.

 

Nuestras autoridades sabran quien fue?.....


"Manuel Belgrano, General en Jefe, al Ejército a su mando.

Soldados, hijos dignos de la Patria, camaradas míos: dos años ha que por
primera vez resonó en estas regiones el eco de la libertad, y él continúa
propagándose hasta por las cavernas más recónditas de los Andes; pues
que no
es obra de los hombres, sino del Dios Omnipotente, que permitió a los
Americanos que se nos presentase la ocasión de entrar al goce de nuestros
derechos: el 25 de Mayo será para siempre memorable en los anales de nuestra
historia, y vosotros tendréis un motivo más para recordarlo, cuando, en él
por primera vez, veis la Bandera Nacional en mis manos que ya os distingue
de las demás naciones del globo, sin embargo de los esfuerzos que han hecho
los enemigos de la sagrada causa que defendemos, para echarnos cadenas aún
más pesadas que las que cargabais.

Pero esta gloria debemos sostenerla de un modo digno, con la unión, la
constancia y el exacto cumplimiento de nuestras obligaciones hacia Dios,
hacia nosotros mismos; a fin de que la Patria se goce de abrigar en su seno
hijos tan beneméritos, y pueda presentarla a la posteridad como modelos que
haya de tener a la vista para conservarla libre de enemigos y en el lleno de
su felicidad. Mi corazón rebosa de alegría al observar en vuestros
semblantes, que están adornados de tan generosos y nobles sentimientos, y
que yo no soy más que un jefe a quien vosotros impulsáis con vuestros
hechos, con vuestro ardor, con vuestro patriotismo. Sí, os seguiré,
imitando
vuestras acciones y todo el entusiasmo de que sólo son capaces los hombres
libres para sacar a sus hermanos de la opresión. Ea, pues, soldados de la
Patria
, no olvidéis jamás que nuestra obra es de Dios; Que él nos ha
concedido esta Bandera, que nos manda que la sostengamos, y que no hay una
sola coa que no nos empeñe a mantenerla con el honro y decoro que le
corresponde. Nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros
conciudadanos, todos, todos, fijan en vosotros la vista y deciden que a
vosotros es a quienes corresponderá todo su reconocimiento si continuáis en
el camino de la gloria que os habéis abierto. Jurad conmigo ejecutarlo así,
y en prueba de ello repetid: ¡Viva la Patria!."

sábado, 21 de agosto de 2010

RV: Podría ser verdad

 

 


De: carlos legarreta
Enviado el: Sábado, 21 de Agosto de 2010 11:34 a.m.
Asunto: Podría ser verdad

 

 

 

 

 

Luego de estar unos años afuera, vuelvo para pasar las fiestas en familia.
El taxista que me trae del aeropuerto me habla de la última novela de Scott Turow. Cansado, apenas escucho lo que me dice.
Miro somnoliento la ventana. Las plazas están repletas de personas leyendo.
Puedo ver en los bares libros sobre todas las mesas, y basta que avancemos unas cuadras para que la vidriera de alguna librería aparezca frente a nosotros.

Me incorporo, bajo la ventanilla para que el aire fresco termine de despertarme.
Al detenernos en un semáforo una señora que cruza la calle, llevando las bolsas del supermercado, le dice a su amiga: 'No, no... en Cortázar la fuerza de la lectura es centrípeta, mientras que en Borges es una lectura centrífuga que te impulsa hacia un saber enciclopédico'.

No logro entender lo que sucede. Donde mire hay alguien con un libro en la mano.
Me
bajo del taxi. En la puerta de casa me están esperando.

Suponía que me abrazarían, pero no. Estaban esperando subir al taxi que yo dejaba para ir al ballet y a la ópera.
Mi vecino se  acerca y me entrega un folleto de una exposición de pintura y su hija me invita para el dia siguiente a una obra de Teatro en el cine del barrio.
Antes de soltar las valijas pregunto qué es lo que está pasando.

-Ah.. claro, no sabés nada.



- Fue hace 6 meses....



- ... murió Tinelli.

 




 


 







 

 




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