De: historiasdereflexion@gruposyahoo.com [mailto:historiasdereflexion@gruposyahoo.com] En nombre de carlos alberto leos gonzalez
ACEPTACIÓN INCONDICIONAL
Soy madre de 3 niños (de 14, 12 y 3 años) y acabo de terminar mi educación superior. La última asignatura que tuve fue Sociología. La profesora estaba absolutamente llena de las cualidades que yo considero que todo ser humano debería tener. Su último proyecto se llamó "Sonríe". Le pidió a todos los estudiantes que salieran a sonreírle a tres personas y documentaran sus reacciones. Yo soy una persona muy amable por naturaleza y siempre sonrío y saludo a todo el mundo, por lo tanto pensé que sería algo facilísimo.
Nos acababan de asignar ese proyecto, cuando mi esposo, mi hijo menor y yo fuimos a McDonald's una fría mañana de marzo. Era nuestra forma de compartir tiempo con nuestro hijo. Estábamos en la fila esperando a ser atendidos, cuando repentinamente todo el mundo a nuestro alrededor comenzó a hacerse a un lado, incluso mi esposo. Yo no me moví, un pánico aterrador se apoderó de mí cuando me volví para ver porqué se habían retirado ellos. Al volverme olí el más horrible hedor de cuerpo humano y allí parados detrás de mí habían dos pobres vagabundos.
Al mirar al señor más pequeño y cercano a mí, vi que estaba "sonriendo". Sus preciosos ojos azules como el cielo, estaban llenos de luz de Dios y buscaban aceptación. El dijo: "Buen día" mientras contaba unas monedas que había estado apretando en su mano. El segundo hombre jugaba con sus manos, parado detrás de su amigo. Me di cuenta que el segundo era retrasado mental y el señor de los ojos azules era su salvación. Contuve las lágrimas parada al lado de ellos.
La cajera les preguntó qué deseaban. El respondió "Solamente café señorita" pues era todo lo que podían permitirse. (Si querían sentarse en el restaurante para calentarse un poco, tenían que consumir algo. Él sólo quería calentarse).
En ese momento sentí realmente una compulsión tan grande, que casi abrazo al hombrecito de ojos azules y justo me di cuenta que todos los ojos del restaurante estaban fijos en mí, siguiendo y juzgando cada uno de mis movimientos. Sonreí y le pedí a la cajera que me diera dos desayunos más en una bandeja aparte. Me dirigí a la mesa más lejana que ellos habían escogido para sentarse. Coloqué la bandeja en la mesa y puse mi mano sobre la mano helada del caballero de los ojos azules. Él me miró y con lágrimas en los ojos dijo "Gracias". Me incliné, acaricié su mano y le dije: "Yo no he hecho esto por usted. Dios está aquí actuando a través de mí para darle a usted esperanza."
Comencé a llorar mientras caminaba a sentarme con mi esposo y mi hijo. Cuando me senté, mi esposo me sonrió y me dijo: "Por eso Dios te entregó a mí cariño, para darme esperanza." Nos cogimos de las manos y en ese momento supe que, solamente por la Gracia de Dios que nos ha sido dada, nosotros podemos dar. Ese día me fue mostrada la Luz pura del dulce amor de Dios.
Volví a la universidad con esta historia y era el último día de clases. Entregué "mi proyecto" y la profesora lo leyó. Me miró y preguntó: "¿Puedo compartir esto?" asentí mientras toda la clase le prestaba atención. Comenzó a leer y fue cuando supe que como seres humanos y siendo parte de Dios, compartimos esta necesidad de sanar a la gente y de ser sanados.
A mi manera había emocionado a la gente en McDonald's, a mi esposo, a mi hijo, a la profesora y a cada uno que estuvo en el salón en la última clase que tuve como estudiante. Me gradué con una de las lecciones más grandes que jamás aprenderé: "La aceptación incondicional"
Autor Desconocido
MEJOR
Al triste, no le preguntes la historia de su desgracia...
Mejor dile que en ti tiene un amigo.
Al que llora, no le escudriñes el origen de su llanto...
Mejor dile que tu tienes un hombro, un pañuelo, una sonrisa.
Al que anda tambaleante por la vida, no le analices porqué no ha llegado nunca a ninguna parte...
Mejor dile que tu tienes una luz, un consejo, y un bastón por si llegara a necesitarlos.
Al que anda sin templo, y sin oración no le preguntes porqué es un descreído...
Mejor enséñale a Dios, y mételo en el secreto de tu plegaria.
A esos que hacen un caos de su vida, no les preguntes que causa su confusión...
Mejor enséñales el rastro sosegado de la fe, y el fluir constante de tu serenidad.
Al que anda dolido y agotado con su cruz, no le preguntes por qué le pesa tanto...
Mejor ponlo en posición de que Dios se irradie sobre él... Y poco a poco le irá llegando Su luz.
Al que se resiste a seguir, y se siente vencido, no le andes por las normas, las deducciones y los raciocinios.
Mejor dale la mano, y dile: "¡Voy contigo!"
No le preguntes a cada uno su necesidad...
Mejor demuéstrales que siempre hay un sueño asombroso.
Hay un Dios... Hay una oración... ¡¡Y hay un milagro!!
Autor Desconocido
"Sé tu mismo el cambio que quieres ver en el mundo." M.K. Gandhi
