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Título original: Resurrection
Traducción: Mª Cristina Martin Sanz
© 2004 Steve Alten. Reservados todos los derechos
Para Kim…
...y para los valerosos hombres y mujeres del 36º Escuadrón
de control Aéreo Expedicionario Aerotransportado
Y las Fuerzas en el Pacífico AEF7.
A principios de 2024, Estados Unidos, Canadá y México, siguiendo los pasos de la Unión Europea, iniciaron una campaña de inmunizaciones obligatorias para los niños pequeños contra el cannabis, la cocaína y la heroína. Esas «inyecciones inhibidoras» se diseñaron para evitar que el cerebro humano experimentara un «colocón», y así se eliminaba cualquier posibilidad de que en el futuro sintiera atracción hacia dicho narcótico.
Por desgracia, cuando se elimina un colocón ilegal enseguida viene otro. Los programas de inmunización contra drogas marginales como la metilenedioximetanfetamina (MDMA) resultaban caros, y la población estaba empezando a cansarse de tanta severidad por parte de un estado sobreprotector.
De manera que, en lugar de continuar luchando, en 2028 el gobierno federal decidió unir fuerzas con la industria farmacéutica y reclamar su parte en un mercado de quinientos mil millones de dólares al año en sustancias de placer. El objetivo de las empresas farmacéuticas había sido siempre el de librar al ser humano del dolor físico; pues bien, ahora iban a concentrarse en eliminar el dolor psicológico y al mismo tiempo incrementar la felicidad de las personas.
La primera droga «celestial» fue la denominada «felicidad», un cóctel codificado genéticamente y diseñado para liberar serotonina y estimular la producción de feniletilamina, una sustancia química que es segregada por el cerebro humano cuando se está enamorado (o, para algunos, cuando se come chocolate). Un año después, se desarrolló una segunda versión de «felicidad» para personas de la tercera edad, diseñada para restaurar las neuronas dopaminérgicas que van muriendo conforme envejecemos, lo cual conduce a una disminución del impulso sexual.
La felicidad y una libido con pilas nuevas... había renacido una antigua industria.
Los paraísos de diseño no creaban adicción física, y la acción retardada de esas sustancias no tóxicas que levantaban el ánimo provocaba una sensación de bienestar más gradual, lo que evitaba los altibajos emocionales bruscos que causaban las drogas como la heroína, el éxtasis y la cocaína. Cuando se utilizaba conjuntamente con una nueva gama de productos de software de realidad virtual, el efecto se multiplicaba por diez.
La biotecnología había creado una economía mundial totalmente nueva, basada en las sensaciones, que prácticamente sustituyó a las industrias del alcohol y de la nicotina.
