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lunes, 7 de diciembre de 2009

CRÓNICA DE UNA LOCURA

CRÓNICA DE UNA LOCURA

 

Era 6 de octubre. Me levanté, encendí la radio, ¡9 grados y sensación térmica de 5º! –Ahora los medios…- me dije.- Luego de desayunar subí al escritorio a comenzar mi jornada. Aún sabiendo que Internet ya no es de fiar, me conecté para ver el motivo de este frío. Las páginas bajaban con mucha dificultad y, tras los buenos días del Sistema Nacional, lentamente bajó Google. En una pestaña tengo los partes y alertas de varios servicios meteorológicos y ninguno anunciaba frío para esta zona. A todo esto el gobierno ya tenía cómo enterarse de que yo, en la mañana de este 6 de octubre, había comenzado a dudar de él.  Muy lejanos me parecían los días en que para inspirarme ponía radio Clásica o a Chiche o al negro… (¿Cómo se llamaba?) si quería informarme. Pobre la palabra “pluralidad,” ya nadie la recordaba, solo el gobierno de turno que de tanto manosearla la había gastado hasta agotar su precioso significado.

En Facebook era obligatorio leer un “maquillado” Boletín Oficial antes de ver qué hacían tus contactos. Cuando acababas de leerlo ya no tenías tiempo de nada. ¡A trabajar!  Yo había dedicado años de mi vida para ser investigador. Me apasionaba la Sociología. Estudiar el porqué de cada fenómeno social con sus avances y retrocesos. Pero ¿cómo formular hipótesis de trabajo sin información y de la mayor cantidad de fuentes posibles? ¡Cinco grados en octubre…!  Por razones que prefiero no comentar me enviaban el trabajo a casa.  Ya resulta imposible saber cuánta gente no tiene para comer. Desaparecieron de los noticieros y hasta de los periódicos. Al igual que la indigencia son los nuevos “desaparecidos.” Sólo que ahora da más miedo ir a una plaza a pedir por ellos. Aunque lentamente, comenzábamos a entender que Democracia es mucho más que votar cada cierta cantidad de años. Empieza con poder discernir a dónde estamos parados para saber cuánto avanzamos o retrocedemos. Costará aún pero pronto habitaremos en un mundo sin palabras huecas y donde la palabra refleje la verdad

 

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Tal vez cuando ustedes lean esta historia mis cenizas ya estén en aquella escuela de campo que fundó mi abuela. No pregunten más…

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Para Mesa de Libros,

Mario D. Rafo

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