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sábado, 13 de junio de 2009

DÍA DEL ESCRITOR

¡FELIZ DÍA, ESCRITORES!


Hoy, 13 de junio se celebra en Argentina el Día Del Escritor. Queremos desear a todos quienes hacen, construyen el pensamiento que muy pronto reciban de todos nosotros la atención que sus ideas merecen. Que tengan el espacio que nunca se les brinda en los medios masivos de comunicación. Yo he visto a Borges en un programa de los denominados "ómnibus" decir cosas maravillosas con exquisita simpleza. La gente lo miraba, eran reportajes comentados. ES UNA FALACIA QUE LA CULTURA SEA "ABURRIDA." Puede que parezca peligrosa, pero tan sólo lo es para los regimenes autoritarios y muy débiles. Entonces, no hay porqué temerle aquí en Argentina. Tras algunas dudas hemos elegido este texto porque mañana recordamos ese triste día que un no menos triste argentino vestido de militar, con sus botas bien lustrosas entregó nuestra bandera eligiendo para todos nosotros aquel "vivir de rodillas" en lugar de defender lo nuestro hasta "morir de pie" como había prometido. Desde este blog no queremos que nadie muera, lo que pedimos con la mayor humildad es que cada uno asumamos cada promesa y cada compromiso. El poema y su comentario lo extrajimos de http://www.papelenblanco.com/relatos/juan-lopez-y-john-ward-borges-y-las-malvinas blog que recomendamos fervientemente.


Para Jabulani Libros,


Mario D. Raffo


'Juan López y John Ward', Borges y las Malvinas


Paolo Fava 3 de abril de 2007


Ayer se cumplieron 25 años del incio de la Guerra de las Malvinas, producto de un duelo de soberbia entre la Inglaterra de Thatcher y la Junta Militar Argentina. Jorge Luis Borges se encontraba entre dos frentes: su declarada anglofilia, por un lado, y el apoyo que había prestado a los militares golpistas por el otro. Sin embargo, su confianza en la dictadura se había desplomado cuando estalló la guerra. Y su homenaje a los caídos lo hizo en forma de brevísimo relato. No es ni de lejos uno de los mejores, pero basta para sumar todo lo que mata una guerra.


Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos.


Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras. López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward en la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer El Quijote.


El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en un aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.


Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.


El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.


J. L. BORGES

martes, 9 de junio de 2009

LA INTRUSA
2 Reyes, I, 26

Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de esa larga noche perdida, entre mate y mate, y la repitió a Santiago Dabove, por quien la supe. Años después, volvieron a contármela en Turdera, donde había acontecido. La segunda versión, algo más prolija, confirmaba en suma la de Santiago, con las pequeñas variaciones y divergencias que son del caso. La escribo ahora porque en ella se cifra, si no me engaño, un breve y trágico cristal de la índole de los orilleros antiguos. Lo haré con probidad, pero ya preveo que cederé a la tentación literaria de acentuar o agregar algún pormenor.
En Turdera los llamaban los Nilsen. El párroco me dijo que su predecesor recordaba, no sin sorpresa, haber visto en la casa de esa gente una gastada Biblia de tapas negras, con caracteres góticos; en las últimas páginas entrevió nombres y fechas manuscritas. Era el único libro que había en la casa. La azarosa crónica de los Nilsen, perdida como todo se perderá. El caserón, que ya no existe, era de ladrillo sin revocar; desde el zaguán se divisaban un patio de baldosa colorada y otro de tierra. Pocos, por lo demás, entraron ahí; los Nilsen defendían su soledad. En las habitaciones desmanteladas dormían en catres; sus lujos eran el caballo, el apero, la daga de hoja corta, el atuendo rumboso de los sábados y el alcohol pendenciero. Sé que eran altos, de melena rojiza. Dinamarca o Irlanda, de las que nunca oirían hablar, andaban por la sangre de esos dos criollos. El barrio los temía a los Colorados; no es imposible que debieran alguna muerte. Hombro a hombro pelearon una vez a la policía. Se dice que el menor tuvo un altercado con Juan Iberra, en el que no llevó la peor parte, lo cual, según los entendidos, es mucho. Fueron troperos, cuarteadores, cuatreros y alguna vez tahúres. Tenían fama de avaros, salvo cuando la bebida y el juego los volvían generosos.
De sus deudos nada se sabe ni de dónde vinieron. Eran dueños de una carreta y una yunta de bueyes.
Físicamente diferían del compadraje que dio su apodo forajido a la Costa Brava. Esto, y lo que ignoramos, ayuda a comprender lo unidos que fueron. Malquistarse con uno era contar con dos enemigos.
Los Nilsen eran calaveras, pero sus episodios amorosos habían sido hasta entonces de zaguán o de casa mala. No faltaron, pues, comentarios cuando Cristián llevó a vivir con él a Juliana Burgos. Es verdad que ganaba así una sirvienta, pero no es menos cierto que la colmó de horrendas baratijas y que la lucía en las fiestas. En las pobres fiestas de conventillo, donde la quebrada y el corte estaban prohibidos y donde se bailaba, todavía, con mucha luz. Juliana era de tez morena y de ojos rasgados; bastaba que alguien la mirara para que se sonriera. En un barrio modesto, donde el trabajo y el descuido gastan a las mujeres, no era mal parecida.
Eduardo los acompañaba al principio. Después emprendió un viaje a Arrecifes por no sé qué negocio; a su vuelta llevó a la casa una muchacha, que había levantado por el camino, y a los pocos días la echó. Se hizo más hosco; se emborrachaba solo en el almacén y no se daba con nadie. Estaba enamorado de la mujer de Cristián. El barrio, que tal vez lo supo antes que él, previó con alevosa alegría la rivalidad latente de los hermanos.… (Fragmento.)

lunes, 8 de junio de 2009

EL PROVEEDOR DE INIQUIDADES MONK EASTMAN

LOS DE ESTA AMÉRICA
Perfilados bien por un fondo de paredes celestes o de cielo alto, dos compadritos envainados en seria ropa negra bailan sobre zapatos de mujer un baile gravísimo, que es el de los cuchillos parejos, hasta que de una oreja salta un clavel porque el cuchillo ha entrado en un hombre, que cierra con su muerte horizontal el baile sin música. Resignado, el otro se acomoda el chambergo y consagra su vejez a la narración de ese duelo tan limpio. Ésa es la historia detallada y total de nuestro malevaje. La de los hombres de pelea de Nueva York es más vertiginosa y más torpe.
LOS DE LA OTRA. La historia de las bandas de Nueva York (revelada en 1928 por Herbert Asbury en un decoroso volumen de cuatrocientas páginas en octavo) tiene la confusión y la crueldad de las cosmogonías bárbaras y mucho de su ineptitud gigantesca: sótanos de antiguas cervecerías habilitadas para conventillos de negros, una raquítica Nueva York de tres pisos, bandas de forajidos como los Ángeles del Pantano (Swamp Angels) que merodeaban entre laberintos de cloacas, bandas de forajidos como los Daybreak Boys (Muchachos del Alba) que reclutaban asesinos precoces de diez y once años, gigantes solitarios y descarados como los Galerudos Fieros (Plug Uglies) que procuraban la inverosímil risa del prójimo con un firme sombrero de copa lleno de lana y los vastos faldones de la camisa ondeados por el viento del arrabal, pero con un garrote en la diestra y un pistolón profundo; bandas de forajidos como los Conejos Muertos (Dead Rabbits) que entraban en batalla bajo la enseña de un conejo muerto en un palo; hombres como Johnny Dolan el Dandy, famoso por el rulo aceitado sobre la frente, por los bastones con cabeza de mono y por el fino aparatito de cobre que solía calzarse en el pulgar para vaciar los ojos del adversario; hombres como Kit Burns, capaz de decapitar de un solo mordisco una rata viva; hombres como Blind Danny Lyons, muchacho rubio de ojos muertos inmensos, rufián de tres rameras que circulaban con orgullo por él; filas de casas de farol colorado como las dirigidas por siete hermanas de New England, que destinaban las ganancias de Nochebuena a la caridad; reñideros de ratas famélicas y de perros, casas de juego chinas, mujeres como la repetida viuda Red Norah, amada y ostentada por todos los varones que dirigieron la banda de los Gophers; mujeres como Lizzie the Dove, que se enlutó cuando lo ejecutaron a Danny Lyons y murió degollada por Gentle Maggie, que le discutió la antigua pasión del hombre muerto y ciego; motines como el de una semana salvaje de 1863, que incendiaron cien edificios y por poco se adueñan de la ciudad; combates callejeros en los que el hombre se perdía como en el mar porque lo pisoteaban hasta la muerte; ladrones y envenenadores de caballos como Yoske Nigger —tejen esta caótica historia. Su héroe más famoso es Edward Delaney, alias William Delaney, alias Joseph Marvin, alias Joseph Morris, alias Monk Eastman, jefe de mil doscientos hombres... ( Fragmento)

HOMENAJE A JORGE LUÍS BORGES

JORGE LUÍS BORGES



SIEMPRE VIGENTE



A veintitrés años de su fallecimiento y conmemorando el Día Del Escritor publicamos fragmentos de algunos cuentos de este genio de las letras argentinas. Son un poco extensos para un post así que elegimos estos fragmentos. Este con el que comenzamos es lo suficiente breve como para publicarlo completo. Como siempre esperamos sus opiniones. Muchas gracias.



Atentamente,


El editor


EL ATROZ REDENTOR LAZARUS MORELL



LA CAUSA REMOTA


En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor doctor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la decimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta llevada por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en el Cerrito, la gracia de la señorita de Tal, el moreno que asesinó Martín Fierro, la deplorable rumba El Manisero, el napoleonismo arrestado y encalabozado de Toussaint Louverture, la cruz y la serpiente en Haití, la sangre de las cabras degolladas por el machete del papaloi, la habanera madre del tango, el candombe.


Además: la culpable y magnífica existencia del atroz redentor Lazarus Morell.


EL LUGAR


El Padre de las Aguas, el Mississippi, el río más extenso del mundo, fue el digno teatro de ese incomparable canalla. (Álvarez de Pineda lo descubrió y su primer explorador fue el capitán Hernando de Soto, antiguo conquistador del Perú, que distrajo los meses de prisión del Inca Atahualpa enseñándole el juego del ajedrez. Murió y le dieron por sepultura sus aguas.)


El Mississippi es río de pecho ancho; es un infinito y oscuro hermano del Paraná, del Uruguay, del Amazonas y del Orinoco. Es un río de aguas mulatas; más de cuatrocientos millones de toneladas de fango insultan anualmente el Golfo de Méjico, descargadas por él. Tanta basura venerable y antigua ha construido un delta, donde los gigantescos cipreses de los pantanos crecen de los despojos de un continente en perpetua disolución y donde los laberintos de barro, de pescados muertos y de juncos, dilatan las fronteras y la paz de su fétido imperio. Más arriba, a la altura del Arkansas y del Ohio, se alargan tierras bajas también. Las habita una estirpe amarillenta de hombres escuálidos, propensos a la fiebre, que miran con avidez las piedras y el hierro, porque entre ellos no hay otra cosa que arena y leña y agua turbia.


LOS HOMBRES


A principios del siglo XIX (la fecha que nos interesa) las vastas plantaciones de algodón que había en las orillas eran trabajadas por negros, de sol a sol. Dormían en cabañas de madera, sobre el piso de tierra. Fuera de la relación madre-hijo, los parentescos eran convencionales y turbios. Nombres tenían, pero podían prescindir de apellidos. No sabían leer. Su enternecida voz de falsete canturreaba un inglés de lentas vocales. Trabajaban en filas, encorvados bajo el rebenque del capataz. Huían, y hombres de barba entera saltaban sobre hermosos caballos y los rastreaban fuertes perros de presa.


A un sedimento de esperanzas bestiales y miedos africanos habían agregado las palabras de la Escritura: su fe por consiguiente era la de Cristo. Cantaban hondos y en montón: Go down Moses. El Mississippi les servía de magnífica imagen del sórdido Jordán.


Los propietarios de esa tierra trabajadora y de esas negradas eran ociosos y ávidos caballeros de melena, que habitaban en largos caserones que miraban al río -siempre con un pórtico pseudo griego de pino blanco. Un buen esclavo les costaba mil dólares y no duraba mucho. Algunos cometían la ingratitud de enfermarse y morir. Había que sacar de esos inseguros el mayor rendimiento. Por eso los tenían en los campos desde el primer sol hasta el último; por eso requerían de las fincas una cosecha anual de algodón o tabaco o azúcar. La tierra, fatigada y manoseada por esa cultura impaciente, quedaba en pocos años exhausta: el desierto confuso y embarrado se metía en las plantaciones. En las chacras abandonadas, en los suburbios, en los cañaverales apretados y en los lodazales abyectos, vivían los poor whites, la canalla blanca. Eran pescadores, vagos cazadores, cuatreros. De los negros solían mendigar pedazos de comida robada y mantenían en su postración un orgullo: el de la sangre sin un tizne, sin mezcla. Lazarus Morell fue uno de ellos.


EL HOMBRE


Los daguerrotipos de Morell que suelen publicar las revistas americanas no son auténticos. Esa carencia de genuinas efigies de hombre tan memorable y famoso, no debe ser casual. Es verosímil suponer que Morell se negó a la placa bruñida; esencialmente para no dejar inútiles rastros, de paso para alimentar su misterio... Sabemos, sin embargo, que no fue agraciado de joven y que los ojos demasiado cercanos y los labios lineales no predisponían en su favor. Los años, luego, le confirieron esa peculiar majestad que tienen los canallas encanecidos, los criminales venturosos e impunes. Era un caballero antiguo del Sur, pese a la niñez miserable y a la vida afrentosa. No desconocía las Escrituras y predicaba con singular convicción. "Yo lo vi a Lazarus Morell en el púlpito -anota el dueño de una casa de juego en Baton Rouge, Luisiana-, y escuché sus palabras edificantes y vi las lágrimas acudir a sus ojos. Yo sabía que era un adúltero, un ladrón de negros y un asesino en la faz del Señor, pero también mis ojos lloraron."


Otro buen testimonio de esas efusiones sagradas es el que suministra el propio Morell. "Abrí al azar la Biblia, di con un conveniente versículo de San Pablo y prediqué una hora y veinte minutos. Tampoco malgastaron ese tiempo Crenshaw y los compañeros, porque se arrearon todos los caballos del auditorio. Los vendimos en el Estado de Arkansas, salvo un colorado muy brioso que reservé para mi uso particular. A Crenshaw le agradaba también, pero yo le hice ver que no le servía."


EL MÉTODO


Los caballos robados en un Estado y vendidos en otro fueron apenas una digresión en la carrera delincuente de Morell, pero prefiguraron el método que ahora le aseguraba su buen lugar en una Historia Universal de la Infamia. Este método es único, no solamente por las circunstancias sui generis que lo determinaron, sino por la abyección que requiere, por su fatal manejo de la esperanza y por el desarrollo gradual, semejante a la atroz evolución de una pesadilla. Al Capone y Bugs Moran operan con ilustres capitales y con ametralladoras serviles en una gran ciudad, pero su negocio es vulgar. Se disputan un monopolio, eso es todo... En cuanto a cifras de hombres, Morell llegó a comandar unos mil, todos juramentados. Doscientos integraban el Consejo Alto, y éste promulgaba las órdenes que los restantes ochocientos cumplían. El riesgo recaía en los subalternos. En caso de rebelión, eran entregados a la justicia o arrojados al río correntoso de aguas pesadas, con una segura piedra a los pies. Eran con frecuencia mulatos. Su facinerosa misión era la siguiente:


Recorrían -con algún momentáneo lujo de anillos, para inspirar respeto- las vastas plantaciones del Sur. Elegían un negro desdichado y le proponían la libertad. Le decían que huyera de su patrón, para ser vendido por ellos una segunda vez, en alguna finca distante. Le darían entonces un porcentaje del precio de su venta y lo ayudarían a otra evasión. Lo conducirían después a un Estado libre. Dinero y libertad, dólares resonantes de plata con libertad, ¿qué mejor tentación iban a ofrecerle? El esclavo se atrevía a su primera fuga.


El natural camino era el río. Una canoa, la cala de un vapor, un lanchón, una gran balsa como el cielo con una casilla en la punta o con elevadas carpas de lona; el lugar no importaba, sino el saberse en movimiento, y seguro sobre el infatigable río... Lo vendían en otra plantación. Huía otra vez a los cañaverales o a las barrancas. Entonces los terribles bienhechores (de quienes empezaba ya a desconfiar) aducían gastos oscuros y declaraban que tenían que venderlo una última vez. A su regreso le darían el porcentaje de las dos ventas y la libertad. El hombre se dejaba vender, trabajaba un tiempo y desafiaba en la última fuga el riesgo de los perros de presa y de los azotes. Regresaba con sangre, con sudor, con desesperación y con sueño.


LA LIBERTAD FINAL


Falta considerar el aspecto jurídico de estos hechos. El negro no era puesto a la venta por los sicarios de Morell hasta que el dueño primitivo no hubiera denunciado su fuga y ofrecido una recompensa a quien lo encontrara. Cualquiera entonces lo podía retener, de suerte que su venta ulterior era un abuso de confianza, no un robo. Recurrir a la justicia civil era un gasto inútil, porque los daños no eran nunca pagados.


Todo eso era lo más tranquilizador, pero no para siempre. El negro podía hablar; el negro, de puro agradecido o infeliz, era capaz de hablar. Unos jarros de whisky de centeno en el prostíbulo de El Cairo, Illinois, donde el hijo de perra nacido esclavo iría a malgastar esos pesos fuertes que ellos no tenían por qué darle, y se le derramaba el secreto. En esos años, un Partido Abolicionista agitaba el Norte, una turba de locos peligrosos que negaban la propiedad y predicaban la liberación de los negros y los incitaban a huir. Morell no iba a dejarse confundir con esos anarquistas. No era un yankee, era un hombre blanco del Sur hijo y nieto de blancos, y esperaba retirarse de los negocios y ser un caballero y tener sus leguas de algodonal y sus inclinadas filas de esclavos. Con su experiencia, no estaba para riesgos inútiles.


El prófugo esperaba la libertad. Entonces los mulatos nebulosos de Lazarus Morell se transmitían una orden que podía no pasar de una seña y lo libraban de la vista, del oído, del tacto, del día, de la infamia, del tiempo, de los bienhechores, de la misericordia, del aire, de los perros, del universo, de la esperanza, del sudor y de él mismo. Un balazo, una puñalada baja o un golpe, y las tortugas y los barbos del Mississippi recibían la última información.


LA CATÁSTROFE


Servido por hombres de confianza, el negocio tenía que prosperar. A principios de 1834 unos setenta negros habían sido "emancipados" ya por Morell, y otros se disponían a seguir a esos precursores dichosos. La zona de operaciones era mayor y era necesario admitir nuevos afiliados. Entre los que prestaron el juramento había un muchacho, Virgil Stewart, de Arkansas, que se destacó muy pronto por su crueldad. Este muchacho era sobrino de un caballero que había perdido muchos esclavos. En agosto de 1834 rompió su juramento y delató a Morell y a los otros. La casa de Morell en Nueva Orleans fue cercada por la justicia. Morell, por una imprevisión o un soborno, pudo escapar.


Tres días pasaron. Morell estuvo escondido ese tiempo en una casa antigua, de patios con enredaderas y estatuas, de la calle Toulouse. Parece que se alimentaba muy poco y que solía recorrer descalzo las grandes habitaciones oscuras, fumando pensativos cigarros. Por un esclavo de la casa remitió dos cartas a la ciudad de Natchez y otra a Red River. El cuarto día entraron en la casa tres hombres y se quedaron discutiendo con él hasta el amanecer. El quinto, Morell se levantó cuando oscurecía y pidió una navaja y se rasuró cuidadosamente la barba. Se vistió y salió. Atravesó con lenta serenidad los suburbios del Norte. Ya en pleno campo, orillando las tierras bajas del Mississippi, caminó más ligero.


Su plan era de un coraje borracho. Era el de aprovechar los últimos hombres que todavía le debían reverencia: los serviciales negros del Sur. Éstos habían visto huir a sus compañeros y no los habían visto volver. Creían, por consiguiente, en su libertad. El plan de Morell era una sublevación total de los negros, la toma y el saqueo de Nueva Orleans y la ocupación de su territorio. Morell, despeñado y casi deshecho por la traición, meditaba una respuesta continental: una respuesta donde lo criminal se exaltaba hasta la redención y la historia. Se dirigió con ese fin a Natchez, donde era más profunda su fuerza. Copio su narración de ese viaje:


"Caminé cuatro días antes de conseguir un caballo. El quinto hice alto en un riachuelo para abastecerme de agua y sestear. Yo estaba sentado en un leño, mirando el camino andado esas horas, cuando vi acercarse un jinete en un caballo oscuro de buena estampa. En cuanto lo avisté determiné quitarle el caballo. Me paré, le apunté con una hermosa pistola de rotación y le di la orden de apear. La ejecutó y yo tomé en la zurda las riendas y le mostré el riachuelo y le ordené que fuera caminando delante. Caminó unas doscientas varas y se detuvo. Le ordené que se desvistiera. Me dijo: 'Ya que está resuelto a matarme, déjeme rezar antes de morir'. Le respondí que no tenía tiempo de oír sus oraciones. Cayó de rodillas y le descerrajé un balazo en la nuca. Le abrí de un tajo el vientre, le arranqué las vísceras y lo hundí en el riachuelo. Luego recorrí los bolsillos y encontré cuatrocientos dólares con treinta y siete centavos y una cantidad de papeles que no me demoré en revisar. Sus botas eran nuevas, flamantes, y me quedaban bien. Las mías, que estaban muy gastadas, las hundí en el riachuelo.


»Así obtuve el caballo que precisaba, para entrar en Natchez."


LA INTERRUPCIÓN


Morell capitaneando puebladas negras que soñaban ahorcarlo, Morell ahorcado por ejércitos negros que soñaba capitanear -me duele confesar que la historia del Mississippi no aprovechó esas oportunidades suntuosas. Contrariamente a toda justicia poética (o simetría poética) tampoco el río de sus crímenes fue su tumba. El dos de enero de 1835, Lazarus Morell falleció de una congestión pulmonar en el hospital de Natchez, donde se había hecho internar bajo el nombre de Silas Buckley. Un compañero de la sala común lo reconoció. El dos y el cuatro, quisieron sublevarse los esclavos de ciertas plantaciones, pero los reprimieron sin mayor efusión de sangre.



Jorge Juís Borges

viernes, 5 de junio de 2009

IGUAL QUE ACÁ!!!!!!Laptops en URUGUAY

Gracias a la señora Cristina María Marchetti Bruni por enviaros esta nota. Vale recordar que hace casi veinte años, si no más, los estudiosos prevenían que quién no supiera computación para el año 2000 sería casi un analfabeto. A las personas mayores se les hace cada vez más difícil hasta aprovechar todas las funciones de su TV cosa no tan compleja de entender para quienes manejamos mínimamente una computadora.

La Redacción

Laptops en la escuela uruguaya

Rodrigo Arboleda
Para LA NACIÓN Jueves 9 de abril de 2009 Publicado en edición impresa

Los médicos adquieren instintos que el resto de los mortales no tenemos. Uno de ellos es el sentido de la urgencia. Saben que si no actúan rápido el paciente se les puede morir. Aquellos que trabajan con epidemias adquieren adicionalmente la necesidad de buscar antídotos o vacunas. Buscan, investigan, experimentan y si no son ellos los que las descubren, saben quién lo ha hecho. Y cuando finalmente encuentran una, se les dispara un tercer y contundente instinto, el de vacunar a todo ser humano que se les atraviese por su lado. El caso que más rápido se nos hace presente es el de la vacuna Salk contra la polio.

Se necesitó entonces que un médico, oncólogo para más datos, quien todavía practica su medicina los viernes de cada semana y ?por caprichos del destino y vaya uno a saber por qué otro bicho que lo picó? se metió en política, llegara a ser presidente de su país y tuviera el olfato de descubrir que había una vacuna que nadie más había detectado. El decidió aplicársela a toda la población, que la necesitaba. Descubrió la vacuna contra la ignorancia!

El médico del que hablamos es el doctor Tabaré Vázquez, presidente de Uruguay. Los pacientes, los chicos de primaria de su país.

Hace unos dos años y medio se enteró en Davos, Suiza, del proyecto One Laptop Per Child o "Una computadora portátil para cada niño", cuando Nicholas Negroponte lo presentó ante el World Economic Forum. El proyecto, que, como su nombre lo dice, aspiraba a dotar de una computadora portátil a cada niño en edad escolar de primaria, conectada a Internet de alta velocidad y banda ancha, se presentó como una verdadera revolución educativa y una redención para los países en vías de desarrollo.

Tabaré Vázquez entendió inmediatamente, y sin que nadie se lo hiciera saber, que este proyecto proporcionaba lo más cercano que había encontrado como antídoto o vacuna contra la ignorancia. Hablamos de esa ignorancia crasa que genera miseria y esa miseria extrema que lleva a las gentes a la violencia. Ese mal endémico, esa patología dramática que se ha convertido en la maldición de los países en vías de desarrollo.

Hizo cuentas rápidas: Uruguay, tiene unos 3.700.000 habitantes, con unos 260.000 chicos en edad escolar primaria. Regresó a su país y, sin pensarlo mucho ni hacer muchísimos estudios de factibilidad ni crear comisiones de notables ni paneles de expertos que discutieran hasta la saciedad la bondad o maldad de una vacuna de este tipo, armado simple y llanamente con su instinto de médico, que tiene el sentido de la urgencia y de vacunar a las personas cuando se encuentra una vacuna efectiva contra una epidemia, ordenó precisamente 260.000 computadoras portátiles y toda la parafernalia necesaria para conectarlas a Internet de alta velocidad y banda ancha.

Entre el momento en que escuchó la propuesta de Negroponte y la llegada a puerto uruguayo de las primeras laptops pasó menos de un año.

Un año y tres meses después de la llegada de la primera de estas computadoras a suelo uruguayo, la transformación de la sociedad es patente. Se han entregado más de 170.000 portátiles, con una eficiencia y velocidad que en la actualidad ronda las 1500 computadoras diarias entregadas a los docentes y a los estudiantes de primaria.

Los chicos son los dueños de las portátiles. Las llevan a sus casas y, en muchos casos, son ellos los que están enseñando a sus padres, pues muchos de éstos nunca fueron a la escuela y no saben leer ni escribir. No se han perdido, ni robado ni vendido ni empeñado casi ninguno, pues un inteligente sistema de control posibilita desactivarlo a control remoto, por lo que la computadora robada sólo puede ser usada como pisa papeles.

Se ha duplicado, en muchos casos, la asistencia escolar. Se ha minimizado la deserción de estudiantes; se ha observado un aumento de hasta el 50 por ciento del número de horas que los chicos permanecen en la escuela.

Para poder entregar una computadora portátil, tiene que haberse llevado a cabo un intenso proceso de inducción y entrenamiento con los docentes, quienes son los primeros en recibir una máquina y, obviamente, con los alumnos. Las escuelas deben haber sido dotadas de un servidor y de los puntos de acceso de la señal de Internet, y la corriente eléctrica debe haber sido estabilizada para no fundir los equipos. Las portátiles vienen cargadas con hasta doscientos libros de todo tipo, escogidos por país, y esto permite un ahorro de dinero que facilita la financiación.

Para septiembre, Uruguay será el primer país del mundo en el cual la totalidad de los niños de primaria tendrá una computadora portátil personal conectada a Internet de banda ancha. Si lo conocíamos como la Suiza de América, tendremos que cambiarle el eslogan, porque tocará llamarlo la Finlandia de América o, mejor, llamar a Finlandia "la Uruguay de Europa", porque ningún país del Viejo Continente podrá darse el lujo de decir, como Uruguay, que tiene vacunados a todos sus niños de primaria contra la epidemia de la ignorancia.

El autor es investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?not


jueves, 4 de junio de 2009

RV: Rv: URGENTE !! REENVIAR !! a todo el país

 

 


De: cristina maria marchetti bruni [mailto:cristina_marchetti@hotmail.com]
Enviado el: Jueves, 04 de Junio de 2009 07:43 a.m.
Asunto: FW: Rv: URGENTE !! REENVIAR !! a todo el país

 

No voy a borrar las direcciones anteriores para ver si llega con contenido. Cristina
 


From: silvimoiso@hotmail.com
Subject: FW: Rv: URGENTE !! REENVIAR !! a todo el país
Date: Wed, 3 Jun 2009 22:32:43 +0000


 


Date: Wed, 3 Jun 2009 06:21:56 -0700
From: mpelorriaga@yahoo.com.ar
Subject: FW: Rv: URGENTE !! REENVIAR !! a todo el país
To: pablo_aris@hotmail.com; marianasef@hotmail.com; mariarosacaf@hotmail.com; familiacarena@arnet.com.ar; carmensantilli@gmail.com; lauclifford@hotmail.com; ofecosatto@arnet.com.ar; lilidemarchi@hotmail.com; natachaduzevic@yahoo.com.ar; federicoelorriaga@hotmail.com; fortunamarisa@hotmail.com; durantinati@hotmail.com; marianagarcia70@hotmail.com; cintiagiaveno@hotmail.com; bettinamiori@hotmail.com; silvimoiso@hotmail.com; gracielamirtaocampo@hotmail.com; vilmaosella@gmail.com; nydiapaoletti@hotmail.com; betinapasquale35@hotmail.com; petryana@hotmail.com; pretinihaydee@hotmail.com; marthasaquer@hotmail.com; nancivi@hotmail.com; mariarosavitali@hotmail.com



--- El mié 3-jun-09, emilio castells <castellsemilio@hotmail.com> escribió:


De: emilio castells <castellsemilio@hotmail.com>
Asunto: FW: Rv: URGENTE !! REENVIAR !! a todo el país
Para: "María del Pilar Elorriaga" <mpelorriaga@yahoo.com.ar>
Fecha: miércoles, 3 de junio de 2009, 8:58 am


 


From: bertemp@hotmail.com
To: bertemp@hotmail.com
Subject: FW: Rv: URGENTE !! REENVIAR !! a todo el país
Date: Tue, 2 Jun 2009 22:14:42 -0300


 


Date: Tue, 2 Jun 2009 18:06:35 -0700
From: bertemp@yahoo.com.ar
Subject: Rv: URGENTE !! REENVIAR !! a todo el país
To: bertaculturarosario@yahoo.com.ar; bertemp@hotmail.com

 

 

URGENTE !! REENVIAR !! a todo el país

Date: Sat, 30 May 2009 17:48:05 -0300

Subject: FW: URGENTE !! REENVIAR !! a todo el país

POR FAVOR; HAGAN CIRCULAR ENTRE LOS CONTACTOS DE CADA DE QUIEN LO RECIBA, LA FOTO DE ESTA NIÑA, GRACIAS


Johana de los Angeles Escobar desapareció el miércoles pasado, cuando iba a tomar un colectivo en el barrio de Pompeya. El Gobierno porteño lanzó hoy una campaña para dar con el paradero de la menor, que asiste a las escuela normal 4 de Caballito.

Les pido por favor, hagan circular esta foto, es de una nena de mi grupo scout 'Jesús de Nazaret',
 desaparecio el 16 cuando iba a tomar el colectivo para ir al colegio, tiene 12 años, estamos todos desesperados, no hay noticias de ella, necesitamos que la foto circule para que no la puedan sacar del país o llevarla al interior, además tambien pedimos que recen para que aparezca. Gracias

 

                                                     



Este mail ha sido confirmado ante missing children

 


 


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