LO MEJOR QUE ME PASÓ ESTE AÑO
Es un hermoso ejercicio pensar qué es lo mejor que nos pasó en el año. Es un abanico de posibilidades pues, a poco que uno piense se da cuenta que no son pocas las armas con que la vida nos buscó seducir: Nos dijo “quédate aquí, ¡aún no te di lo mejor!” ¿Y Qué es la vida si no eso, verdad? SEDUCCIÓN. Porque toda la filosofía es buena en tanto la tomemos como un ejercicio para agudizar el pensamiento, desarrollar un sentido crítico, pero debo reconocer que al mirar una puesta de sol o la carita de mi sobrina cuando era niña y también descubría la vida; Ante sus ojitos pícaros y cómplices se me caía toda la biblioteca. Y entonces siento que lo mejor que me pasó este año fue conservar cierta ingenuidad. Siempre esperaré la capacidad de los poco capases y la sensibilidad social de quienes nunca fueron sensibles… Que arreglen las veredas de mi ciudad para que podamos pasear quienes usamos bastón o silla de ruedas. Hay, creo un enorme valor ético en las esperas. Esperas “activas,” como esta. Porque al contártelo estoy haciendo cuanto está a mi alcance para cambiar la realidad. ¡Es ahora el tiempo para la esperanza! ¡Si! Ahora que las opiniones de ciudadanos “de a pie” como yo pueden ser expresadas para que tú, mi buen amigo, me estés leyendo y ojala refutando desde quién sabe qué remoto lugar en el mundo.
Pero lo mejor de este año está a punto de sucederme cuando aquella sobrina de mirada dulce y cómplice termine una de las carreras que emprendió con mucha vocación. Las personas así salvan todas las penurias que podamos atravesar. ¡Limpian el mundo! Son personas que no están en los medios, a veces no siquiera en la Web. Y sin embargo son ese prójimo, vecino, amigo o pariente a quien debemos seguir y ayudar con lo más puro que aún queda en nosotros para que cada año sea el mejor de nuestra vida.
Para Mesa de Libros,
Mario D. Raffo
