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lunes, 15 de septiembre de 2008

PROPUESTA DE JABULANI LIBROS



PROPUESTAS DE LA SEMANA

Joyce Kilmer

AGRADECIMIENTOS

«¿Por qué no escribís un relato sobre un robo del árbol de Navidad del Rockefeller Center?», nos preguntó Michael Korda.

Esto sonaba como un divertido reto, así que nos embarcamos en el empeño de contar el cuento.

Ahora es el momento de dar los premios a la gente que nos ha soportado durante este empeño.

Estrellas titilantes para nuestros editores Michael Korda y Roz Lippel. ¡Sois los mejores!

Guirnaldas brillantes para nuestros agentes Gene Winick y Sam Pinkus, así como para nuestro publicista Lisl Cade.

Adornos dorados para la directora adjunta de edición Gypsy da Silva, la editora de mesa Rose Ann Ferrick y los correctores de pruebas Jim Stoller y Barbara Raynor.

Alzamos nuestra copa en un brindis por el sargento retirado Steven Marron y por el detective retirado Richard Murphy, por su perspicacia.

Cantamos alegres villancicos a Inga Paine, cofundadora del vivero Paine de árboles de Navidad, a su hija Maxine Paine-Fowler, a su nieta Gretchen Arnold y a su hermana Carlene Alien, que aceptaron que invadiésemos la tranquilidad de su tarde de domingo en el porche de su casa en Stowe, Vermont, con nuestras preguntas sobre los árboles que habíamos creado para estas páginas.

Una perdiz en un peral para Timothy Shinn, que nos explicó la logística para trasladar un árbol de nueve toneladas. Si hemos cometido algún error, por favor, perdónennos. Gracias a Jack Larkin por ponernos en contacto con Tim.

Un beso de vacaciones para nuestra familia y amigos, en especial para John Conheeney, Agnes Newton y Nadine Petry.

Caña de azúcar y cintas para Carla Torsilieri D'Agostino y Byron Keith Byrd por su «El árbol de Navidad del Rockefeller Center», relato sobre el famoso árbol.

Una muy especial coral de gratitud para la gente del Rockefeller Center por la alegría que proporcionan a innumerables personas desde hace siete décadas con su tradición de poner y decorar el árbol de Navidad más famoso del mundo.

Para acabar, para vosotros, nuestros lectores, nuestros mejores deseos. Que sean vuestras vacaciones felices, llenas de dicha, alegres y luminosas.


Pienso que nunca veré

un poema tan encantador como un árbol.

Joyce Kilmer


Capítulo 3

—Debes de estar agotada, Regan —se preocupó Nora Regan Reilly, mirando cariñosamente a su única hija, que estaba sentada al otro lado de la mesa del desayuno.

Para los demás, la hermosa Regan de cabello azabache era una estupenda detective privada, pero para Nora su hija de treinta y un años seguía siendo la niña por la que daría su vida.

—Yo la veo bien —opinó Luke Reilly, dejando la taza de café encima de la mesa con ese gesto resuelto que anunciaba su partida.

Un traje azul marino con camisa blanca y corbata negra, uno más de la media docena de atuendos idénticos que poseía, cubría su cuerpo larguirucho de metro noventa y cinco. Luke era dueño de tres funerarias en el norte de New Jersey, de ahí que tuviera que vestir con discreción. Su atractiva cabeza plateada hacía juego con su rostro delgado, que podía parecer sombrío en caso necesario pero que siempre tenía una sonrisa fuera de las salas de visita. Ahora esa sonrisa envolvía a su esposa y su hija.

Estaban sentados a la mesa del desayuno de la casa que los Reilly tenían en Summit, New Jersey, el hogar donde Regan había crecido y en el que Luke y Nora seguían viviendo. También era el lugar donde Nora Regan Reilly escribía las novelas de misterio que la habían hecho famosa. Se levantó para darle a su marido un beso de despedida. Desde que lo habían secuestrado un año atrás, nunca salía por la puerta sin que a ella la embargara el temor de que pudiera ocurrirle algo malo.

Al igual que Regan, Nora poseía facciones clásicas, ojos azules y tez blanca. A diferencia de Regan, era rubia. Con una estatura de metro sesenta, medía diez centímetros menos que su hija y muchos menos aún que su marido.

—No te dejes secuestrar —bromeó solo a medias—. Queremos salir para Vermont a las dos como muy tarde.

—Por lo general, a la gente solo la secuestran una vez en la vida —señaló Regan—. Lo vi la semana pasada en una estadística.

—Y no olvides —le recordó Luke por enésima vez— que, de no haber sido por el dolor y el sufrimiento que padecí, Regan no habría conocido a Jack y ahora no estarías organizando una boda.

Jack Reilly, jefe de la Brigada de Casos Principales del Departamento de Policía de Nueva York y ahora prometido de Regan, había trabajado en el caso de la desaparición de Luke y su joven chófer. No solo atrapó a los secuestradores y recuperó el rescate, sino que en el proceso capturó el corazón de Regan.

—No puedo creer que lleve dos semanas sin ver a Jack —suspiró Regan mientras untaba mantequilla en un panecillo—. Quería recogerme en el aeropuerto de Newark esta mañana, pero le dije que no me importaba tomar un taxi. Tuvo que ir a la oficina a arreglar algunas cosas pero estará aquí a las dos. —Regan bostezó—. Volar de noche me deja un poco atontada.

—Pensándolo bien, creo que tu madre tiene razón —dijo Luke—. Un par de horas de sueño no te harían daño.

Besó a Nora, le alborotó el pelo a Regan y se marchó.

Regan rió.

—Juraría que todavía piensa que tengo seis años.

—Porque estás a punto de casarte. Ya ha empezado a decir que está impaciente por tener nietos.

—Dios, solo de pensar en eso me canso todavía más. Creo que subiré a tumbarme.

Una vez sola, Nora se sirvió otro café y abrió el The New York Times. Las maletas ya estaban en el coche. Quería dedicar la mañana a hacer anotaciones sobre el nuevo libro que acababa de empezar. Todavía no había decidido si Celia, la protagonista, sería interiorista o abogada. Dos tipos de persona diferentes, lo sabía, pero como interiorista resultaba verosímil que Celia hubiera conocido a su primer marido cuando le decoraba el apartamento de Manhattan. No obstante, si era abogada la historia requería otra dinámica.

Lee el periódico, se dijo. Primera lección para una escritora: poner el subconsciente en suspensión hasta que te sientes delante del ordenador. Miró por la ventana. La habitación del desayuno daba a un jardín, ahora nevado, que conducía a la piscina y la pista de tenis. Me encanta esto, pensó. La gente que habla mal de New Jersey me saca de quicio. En fin, como solía decir papá, no saben lo que se pierden.

Envuelta en su albornoz de raso acolchado, Nora se sentía a gusto y contenta. En lugar de perseguir a sinvergüenzas por Los Angeles, Regan estaba en casa y pasaría el fin de semana con ellos. Se había prometido a Jack unas semanas antes y nada menos que a bordo de un globo. Sobre Las Vegas. A Nora le traía sin cuidado dónde o cómo ocurriera, pero estaba entusiasmada con la idea de organizar al fin la boda de Regan. Y no existía un hombre mejor para ella que el maravilloso Jack Reilly.

En unas horas partirían hacia el hermoso Trapp Family Lodge, el hotel donde iban a encontrarse con sus queridos amigos Alvirah y Willy Meehan. ¿Qué más podía pedir?, pensó Nora mientras hojeaba la sección metropolitana del periódico. Sus ojos se posaron de inmediato en la foto en primera plana de una atractiva mujer posando en un bosque con falda larga, blusa y chaleco. El titular decía: EL CENTRO ROCKEFELLER

YA HA ELEGIDO ÁRBOL.

La cara de esta mujer me suena, pensó Nora mientras leía el artículo por encima.

Una pícea azul de veinticinco metros procedente de Stowe, Vermont, está a punto de ocupar su puesto como el árbol de Navidad más famoso del mundo de este año. Elegido por su majestuosa belleza, fue plantado hace casi cincuenta años en un bosque próximo a las tierras de la legendaria familia Von Trapp. Casualmente, Maria von Trapp estaba paseando por el bosque en el momento en que el árbol era plantado y le hicieron una foto posando al lado. Dado que está a punto de cumplirse el cuarenta aniversario de la película musical más famosa del mundo, Sonrisas y lágrimas, y que la película resalta los valores familiares y el coraje frente a la adversidad, el árbol gozará de un recibimiento especial a su llegada a Nueva York.

Será cortado el lunes por la mañana, trasladado en un camión plataforma hasta una barcaza cerca de New Haven y transportado por Long Island Sound hasta Manhattan. A su llegada al centro Rockefeller será recibido por un coro de cientos de escolares de toda la ciudad que interpretarán un popurrí de canciones de Sonrisas y lágrimas.

—Mira tú por dónde —exclamó Nora—. Cortarán el árbol mientras estemos allí. Será divertido verlo. —Y se puso a tararear—: «Las colinas tienen vida...».

* * *

DESDE EL DIVAN

Retrato de familia

Jorge Guinzburg.

Estoy indignado, doctor —dije al comenzar mi sesión terapéutica. Recibí un mail según el cual un filósofo español define a los argentinos así: "No intentéis conocerlos, porque su alma vive en el mundo impenetrable de la dualidad. Beben en una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto —el tango— y se ríen de la música de otro; toman en serio los chistes y de todo lo serio hacen bromas".

"Ellos mismos —seguía— no se conocen. Creen en la interpretación de los sueños, en Freud y el horóscopo chino, visitan al médico y también al curandero, todo al mismo tiempo. Tratan a Dios como ''el flaco'' y se mofan de los ritos religiosos, aunque los presidentes no se pierden un Tedéum en la Catedral. No renuncian a sus ilusiones ni aprenden de sus desilusiones. No se puede discutir con los argentinos porque saben y opinan de cualquier cosa y en una mesa de café arreglan todo".

"Ellos son ''el pueblo elegido'', por ellos mismos. Individualmente, se caracterizan por su simpatía y su inteligencia, en grupo son insoportables por su griterío y apasionamiento. Cada uno es un genio, y los genios no se llevan bien entre ellos; por eso es fácil reunir argentinos; unirlos: imposible".

"Un argentino es capaz de lograr todo en el mundo, menos el aplauso de otros argentinos. No le habléis de lógica porque eso implica razonamiento y mesura. Son hiperbólicos y desmesurados, van de un extremo a otro con sus opiniones y sus acciones. Cuando discuten no dicen: No estoy de acuerdo, sino ¡Usted está equivocado!"

Pero eso no es nada, doctor —seguí mientras mi indignación crecía. Además, el filósofo sostiene que "los argentinos aman tanto la contradicción que llaman ''bárbara'' a una mujer linda, ''bestia'' a un erudito y ''genio'' a un simple futbolista. Cuando alguien les pide un favor no dicen simplemente sí, sino ¡cómo no!. Son el único pueblo del mundo que comienza sus frases con la palabra no. Cuando alguien les agradece, dicen: ''No, de nada'' con una sonrisa".

"Los argentinos tienen dos problemas para cada solución. Pero intuyen las soluciones a todo problema. Cualquier argentino dirá que sabe cómo se debe pagar la deuda externa, enderezar a los militares, aconsejar al resto de América latina, disminuir el hambre de Africa y enseñar economía en los EE.UU. Los argentinos tienen metáforas para referirse a lo común con palabras extrañas. Por ejemplo, a un aumento de sueldos le llaman rebalanceo de ingresos; a un incremento de impuestos, modificación de la base imponible; y a una simple devaluación, una variación brusca del tipo de cambio. Un programa económico es siempre un plan de ajuste y a una operación financiera de especulación la denominan bicicleta".

"Tienen un altísimo número de psicólogos y se ufanan de estar siempre al tanto de la última terapia. Tienen un tremendo súper ego, pero no se lo mencionen porque se desestabilizan y entran en crisis. Tienen un espantoso temor al ridículo, pero se describen a sí mismos como liberados. Son prejuiciosos, pero creen ser amplios, generosos y tolerantes. Son racistas al punto de hablar de ''negros de m'' o ''cabecitas negras''.

Y como si esto fuera poco —continué— ese filósofo español remata: "los argentinos son italianos que hablan en español, pretenden sueldos norteamericanos y vivir como ingleses. Dan discursos franceses y votan como senegaleses. Piensan como zurdos y viven como burgueses, alaban el emprendimiento canadiense, tienen una organización boliviana, admiran el orden suizo y practican un desorden iraquí".

Entiendo su indignación, Jorge —interpretó mi terapeuta. Es muy feo que un extranjero hable tan mal de nosotros.

No, doctor —respondí. Yo lo viví como un elogio. Me indigna que no nos hayamos dado cuenta solos de que somos los más grandes del mundo.

Mi terapeuta no respondió, sólo me agregó dos sesiones más por semana.

PROPUESTAA DE JABULANI LIBROS

PROPUESTAS DE LA SEMANA

PROPUESTAS DE LA SEMANA

 

Joyce Kilmer

 

AGRADECIMIENTOS

 

«¿Por qué no escribís un relato sobre un robo del árbol de Navidad del Rockefeller Center?», nos preguntó Michael Korda.

Esto sonaba como un divertido reto, así que nos embarcamos en el empeño de contar el cuento.

Ahora es el momento de dar los premios a la gente que nos ha soportado durante este empeño.

Estrellas titilantes para nuestros editores Michael Korda y Roz Lippel. ¡Sois los mejores!

Guirnaldas brillantes para nuestros agentes Gene Winick y Sam Pinkus, así como para nuestro publicista Lisl Cade.

Adornos dorados para la directora adjunta de edición Gypsy da Silva, la editora de mesa Rose Ann Ferrick y los correctores de pruebas Jim Stoller y Barbara Raynor.

Alzamos nuestra copa en un brindis por el sargento retirado Steven Marron y por el detective retirado Richard Murphy, por su perspicacia.

Cantamos alegres villancicos a Inga Paine, cofundadora del vivero Paine de árboles de Navidad, a su hija Maxine Paine-Fowler, a su nieta Gretchen Arnold y a su hermana Carlene Alien, que aceptaron que invadiésemos la tranquilidad de su tarde de domingo en el porche de su casa en Stowe, Vermont, con nuestras preguntas sobre los árboles que habíamos creado para estas páginas.

Una perdiz en un peral para Timothy Shinn, que nos explicó la logística para trasladar un árbol de nueve toneladas. Si hemos cometido algún error, por favor, perdónennos. Gracias a Jack Larkin por ponernos en contacto con Tim.

Un beso de vacaciones para nuestra familia y amigos, en especial para John Conheeney, Agnes Newton y Nadine Petry.

Caña de azúcar y cintas para Carla Torsilieri D'Agostino y Byron Keith Byrd por su «El árbol de Navidad del Rockefeller Center», relato sobre el famoso árbol.

Una muy especial coral de gratitud para la gente del Rockefeller Center por la alegría que proporcionan a innumerables personas desde hace siete décadas con su tradición de poner y decorar el árbol de Navidad más famoso del mundo.

Para acabar, para vosotros, nuestros lectores, nuestros mejores deseos. Que sean vuestras vacaciones felices, llenas de dicha, alegres y luminosas.


 

 

 

Pienso que nunca veré

un poema tan encantador como un árbol.

Joyce Kilmer


 

 

Capítulo 3

—Debes de estar agotada, Regan —se preocupó Nora Regan Reilly, mirando cariñosamente a su única hija, que estaba sentada al otro lado de la mesa del desayuno.

Para los demás, la hermosa Regan de cabello azabache era una estupenda detective privada, pero para Nora su hija de treinta y un años seguía siendo la niña por la que daría su vida.

—Yo la veo bien —opinó Luke Reilly, dejando la taza de café encima de la mesa con ese gesto resuelto que anunciaba su partida.

Un traje azul marino con camisa blanca y corbata negra, uno más de la media docena de atuendos idénticos que poseía, cubría su cuerpo larguirucho de metro noventa y cinco. Luke era dueño de tres funerarias en el norte de New Jersey, de ahí que tuviera que vestir con discreción. Su atractiva cabeza plateada hacía juego con su rostro delgado, que podía parecer sombrío en caso necesario pero que siempre tenía una sonrisa fuera de las salas de visita. Ahora esa sonrisa envolvía a su esposa y su hija.

Estaban sentados a la mesa del desayuno de la casa que los Reilly tenían en Summit, New Jersey, el hogar donde Regan había crecido y en el que Luke y Nora seguían viviendo. También era el lugar donde Nora Regan Reilly escribía las novelas de misterio que la habían hecho famosa. Se levantó para darle a su marido un beso de despedida. Desde que lo habían secuestrado un año atrás, nunca salía por la puerta sin que a ella la embargara el temor de que pudiera ocurrirle algo malo.

Al igual que Regan, Nora poseía facciones clásicas, ojos azules y tez blanca. A diferencia de Regan, era rubia. Con una estatura de metro sesenta, medía diez centímetros menos que su hija y muchos menos aún que su marido.

—No te dejes secuestrar —bromeó solo a medias—. Queremos salir para Vermont a las dos como muy tarde.

—Por lo general, a la gente solo la secuestran una vez en la vida —señaló Regan—. Lo vi la semana pasada en una estadística.

—Y no olvides —le recordó Luke por enésima vez— que, de no haber sido por el dolor y el sufrimiento que padecí, Regan no habría conocido a Jack y ahora no estarías organizando una boda.

Jack Reilly, jefe de la Brigada de Casos Principales del Departamento de Policía de Nueva York y ahora prometido de Regan, había trabajado en el caso de la desaparición de Luke y su joven chófer. No solo atrapó a los secuestradores y recuperó el rescate, sino que en el proceso capturó el corazón de Regan.

—No puedo creer que lleve dos semanas sin ver a Jack —suspiró Regan mientras untaba mantequilla en un panecillo—. Quería recogerme en el aeropuerto de Newark esta mañana, pero le dije que no me importaba tomar un taxi. Tuvo que ir a la oficina a arreglar algunas cosas pero estará aquí a las dos. —Regan bostezó—. Volar de noche me deja un poco atontada.

—Pensándolo bien, creo que tu madre tiene razón —dijo Luke—. Un par de horas de sueño no te harían daño.

Besó a Nora, le alborotó el pelo a Regan y se marchó.

Regan rió.

—Juraría que todavía piensa que tengo seis años.

—Porque estás a punto de casarte. Ya ha empezado a decir que está impaciente por tener nietos.

—Dios, solo de pensar en eso me canso todavía más. Creo que subiré a tumbarme.

Una vez sola, Nora se sirvió otro café y abrió el The New York Times. Las maletas ya estaban en el coche. Quería dedicar la mañana a hacer anotaciones sobre el nuevo libro que acababa de empezar. Todavía no había decidido si Celia, la protagonista, sería interiorista o abogada. Dos tipos de persona diferentes, lo sabía, pero como interiorista resultaba verosímil que Celia hubiera conocido a su primer marido cuando le decoraba el apartamento de Manhattan. No obstante, si era abogada la historia requería otra dinámica.

Lee el periódico, se dijo. Primera lección para una escritora: poner el subconsciente en suspensión hasta que te sientes delante del ordenador. Miró por la ventana. La habitación del desayuno daba a un jardín, ahora nevado, que conducía a la piscina y la pista de tenis. Me encanta esto, pensó. La gente que habla mal de New Jersey me saca de quicio. En fin, como solía decir papá, no saben lo que se pierden.

Envuelta en su albornoz de raso acolchado, Nora se sentía a gusto y contenta. En lugar de perseguir a sinvergüenzas por Los Angeles, Regan estaba en casa y pasaría el fin de semana con ellos. Se había prometido a Jack unas semanas antes y nada menos que a bordo de un globo. Sobre Las Vegas. A Nora le traía sin cuidado dónde o cómo ocurriera, pero estaba entusiasmada con la idea de organizar al fin la boda de Regan. Y no existía un hombre mejor para ella que el maravilloso Jack Reilly.

En unas horas partirían hacia el hermoso Trapp Family Lodge, el hotel donde iban a encontrarse con sus queridos amigos Alvirah y Willy Meehan. ¿Qué más podía pedir?, pensó Nora mientras hojeaba la sección metropolitana del periódico. Sus ojos se posaron de inmediato en la foto en primera plana de una atractiva mujer posando en un bosque con falda larga, blusa y chaleco. El titular decía: EL CENTRO ROCKEFELLER

YA HA ELEGIDO ÁRBOL.

La cara de esta mujer me suena, pensó Nora mientras leía el artículo por encima.

Una pícea azul de veinticinco metros procedente de Stowe, Vermont, está a punto de ocupar su puesto como el árbol de Navidad más famoso del mundo de este año. Elegido por su majestuosa belleza, fue plantado hace casi cincuenta años en un bosque próximo a las tierras de la legendaria familia Von Trapp. Casualmente, Maria von Trapp estaba paseando por el bosque en el momento en que el árbol era plantado y le hicieron una foto posando al lado. Dado que está a punto de cumplirse el cuarenta aniversario de la película musical más famosa del mundo, Sonrisas y lágrimas, y que la película resalta los valores familiares y el coraje frente a la adversidad, el árbol gozará de un recibimiento especial a su llegada a Nueva York.

Será cortado el lunes por la mañana, trasladado en un camión plataforma hasta una barcaza cerca de New Haven y transportado por Long Island Sound hasta Manhattan. A su llegada al centro Rockefeller será recibido por un coro de cientos de escolares de toda la ciudad que interpretarán un popurrí de canciones de Sonrisas y lágrimas.

—Mira tú por dónde —exclamó Nora—. Cortarán el árbol mientras estemos allí. Será divertido verlo. —Y se puso a tararear—: «Las colinas tienen vida...».

 

* * *

 

 

DESDE EL DIVAN

 

Retrato de familia

Jorge Guinzburg.

 

Estoy indignado, doctor —dije al comenzar mi sesión terapéutica. Recibí un mail según el cual un filósofo español define a los argentinos así: "No intentéis conocerlos, porque su alma vive en el mundo impenetrable de la dualidad. Beben en una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto —el tango— y se ríen de la música de otro; toman en serio los chistes y de todo lo serio hacen bromas".

"Ellos mismos —seguía— no se conocen. Creen en la interpretación de los sueños, en Freud y el horóscopo chino, visitan al médico y también al curandero, todo al mismo tiempo. Tratan a Dios como ''el flaco'' y se mofan de los ritos religiosos, aunque los presidentes no se pierden un Tedéum en la Catedral. No renuncian a sus ilusiones ni aprenden de sus desilusiones. No se puede discutir con los argentinos porque saben y opinan de cualquier cosa y en una mesa de café arreglan todo".

"Ellos son ''el pueblo elegido'', por ellos mismos. Individualmente, se caracterizan por su simpatía y su inteligencia, en grupo son insoportables por su griterío y apasionamiento. Cada uno es un genio, y los genios no se llevan bien entre ellos; por eso es fácil reunir argentinos; unirlos: imposible".

"Un argentino es capaz de lograr todo en el mundo, menos el aplauso de otros argentinos. No le habléis de lógica porque eso implica razonamiento y mesura. Son hiperbólicos y desmesurados, van de un extremo a otro con sus opiniones y sus acciones. Cuando discuten no dicen: No estoy de acuerdo, sino ¡Usted está equivocado!"

Pero eso no es nada, doctor —seguí mientras mi indignación crecía. Además, el filósofo sostiene que "los argentinos aman tanto la contradicción que llaman ''bárbara'' a una mujer linda, ''bestia'' a un erudito y ''genio'' a un simple futbolista. Cuando alguien les pide un favor no dicen simplemente sí, sino ¡cómo no!. Son el único pueblo del mundo que comienza sus frases con la palabra no. Cuando alguien les agradece, dicen: ''No, de nada'' con una sonrisa".

"Los argentinos tienen dos problemas para cada solución. Pero intuyen las soluciones a todo problema. Cualquier argentino dirá que sabe cómo se debe pagar la deuda externa, enderezar a los militares, aconsejar al resto de América latina, disminuir el hambre de Africa y enseñar economía en los EE.UU. Los argentinos tienen metáforas para referirse a lo común con palabras extrañas. Por ejemplo, a un aumento de sueldos le llaman rebalanceo de ingresos; a un incremento de impuestos, modificación de la base imponible; y a una simple devaluación, una variación brusca del tipo de cambio. Un programa económico es siempre un plan de ajuste y a una operación financiera de especulación la denominan bicicleta".

"Tienen un altísimo número de psicólogos y se ufanan de estar siempre al tanto de la última terapia. Tienen un tremendo súper ego, pero no se lo mencionen porque se desestabilizan y entran en crisis. Tienen un espantoso temor al ridículo, pero se describen a sí mismos como liberados. Son prejuiciosos, pero creen ser amplios, generosos y tolerantes. Son racistas al punto de hablar de ''negros de m'' o ''cabecitas negras''.

Y como si esto fuera poco —continué— ese filósofo español remata: "los argentinos son italianos que hablan en español, pretenden sueldos norteamericanos y vivir como ingleses. Dan discursos franceses y votan como senegaleses. Piensan como zurdos y viven como burgueses, alaban el emprendimiento canadiense, tienen una organización boliviana, admiran el orden suizo y practican un desorden iraquí".

Entiendo su indignación, Jorge —interpretó mi terapeuta. Es muy feo que un extranjero hable tan mal de nosotros.

No, doctor —respondí. Yo lo viví como un elogio. Me indigna que no nos hayamos dado cuenta solos de que somos los más grandes del mundo.

Mi terapeuta no respondió, sólo me agregó dos sesiones más por semana.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Publicado en la ed. impresa: Suplemento Cultura
Domingo 24 de octubre de 2004
Noticias Edición impresa Cultura Nota
Pasiones prohibidas y religión
Como anticipo de La más bella historia de amor, de Dominique Simonnet (Fondo de Cultura Económica), se publican fragmentos de una entrevista con Jacques Le Goff, el gran medievalista francés


DOMINIQUE SIMONNET: De las costumbres de la Edad Media se destacan dos imágenes: la de un mundo feudal, brutal, viril, conquistador, en el que las mujeres son víctimas; y la del amor cortés, el bello trovador inclinado ante su apuesta señora a quien idealiza pero no toca. Dos estereotipos aparentemente contradictorios... JACQUES LE GOFF: Pero no lo son. La violencia guerrera del feudalismo medieval coexiste muy bien, en la literatura, con la exaltación de la feminidad, la castidad y la pasión propia del amor cortés. Por otra parte, se encontraría una dicotomía similar en la civilización japonesa en épocas de los samurais. Pero la historia de la Edad Media civilización japonesa en épocas de los samurais. Pero la historia de la Edad Media, y particularmente el amor cortés, fue objeto de muchas deformaciones y muchos mitos, inventados sobre todo por los románticos que modelaron nuestra sensibilidad. Con Georges Duby, gran medievalista, a menudo nos hacíamos esta pregunta: ¿realmente existió el amor cortés? ¿O no fue más que una fantasía? El historiador católico Henri lrénée Marrou (que escribía bajo el seudónimo de "Davenson") también se había interrogado, en una formulación un poco más brutal: ¿hacían el amor los trovadores? -La pregunta tiene el mérito de ser clara. ¿Y la respuesta? -La documentación de que disponemos sobre el amor en la Edad Media, esencialmente literaria e iconográfica, no nos permite zanjar este último punto. Tal vez los únicos que se aproximaron al amor cortés fueron Eloísa y Abelardo. Tras muchas vacilaciones, hoy pienso que su correspondencia fue modificada un poco, pero que es auténtica. -Porque habían conocido una pasión secreta fuera del matrimonio, Abelardo fue castrado y Eloísa, enclaustrada... -Sí, pero esos dos son casos únicos. Y más tarde se convertirán en símbolos: en Le roman de la rose (El libro de la rosa) figuran en buen lugar entre las miniaturas de enamorados. Si bien impregnó levemente las costumbres de las clases superiores (porque las fantasías de una época siempre influyen sobre la realidad), el ideal cortés no las perturbó en profundidad. Para mí, era esencialmente literario, y se atrincheraba en lo imaginario [...]. -Tristán e Isolda, el filtro de la pasión, esos caballeros que guerreaban soñando con sus bellas, esas declaraciones de fidelidad declamadas, un pie en tierra, en los torneos... ¿Todo eso no sería más que literatura, entonces? -En efecto, así me inclino a pensarlo. Lo que sabemos de las costumbres de esa época es bastante diferente y no va en el sentido de una práctica "cortés" entre hombres y mujeres. Jean-Charles Huchet, por su parte, ha escrito un buen libro sobre El amor descortés. -Tratemos entonces de comprender lo que ocurría entre ellos. Tras la caída del Imperio Romano vienen los bárbaros, francos, visigodos y otros ostrogodos que realmente no son unos tiernos. Al convertirse al cristianismo, ¿adhieren a esa nueva moral puritana de la que nos hablaba Paul Vryne y que, en adelante, hace reinar el orden sexual? -La cristianización de las costumbres fue muy lenta. La internalización de las concepciones de la Iglesia en las mentalidades y las prácticas fue un trabajo de siglos. Sobre la base de los escritos de Gregario de Tours, uno de los grandes cronistas de la Galia, a menudo se insistió en el carácter salvaje del primer período de la Edad Media, lo que no era totalmente falso. En esos tiempos, en la época merovingia, la poligamia, que ya casi no existía en Roma, todavía era practicada por la aristocracia bárbara. ¡Hasta el padre de San Luis, Luis VIII (1223), los reyes francos fueron polígamos! Cantidad de escándalos ocurrieron al respecto alrededor de Lotario o Roberto el Piadoso en las cercanías del año 1000. -En esa época, sin embargo, la gente se casa según reglas extremadamente estrictas. -Estamos muy poco informados sobre las prácticas de los campesinos, que constituían, sin embargo, el 90% de la sociedad. En todo caso, para los nobles, el matrimonio era de "conveniencia", vale decir, arreglado por el rey, el primer casamentero, que conservaba su dominio sobre la nobleza prodigándole favores, tierras y dotes. Georges Duby, por ejemplo, contó cómo Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra se aseguraron el juramento de fidelidad de Guillermo el Mariscal, un señor que fue uno de sus principales guerreros y consejeros: lo hicieron casarse con mujeres pertenecientes a un rango más elevado, lo que le daba prestigio. En el interior de la familia, eran los ancianos los que orquestaban el matrimonio. Además, éste era un contrato civil, firmado ante un notario y limitado a la Europa meridional. -Que en consecuencia escapaba al control de la Iglesia. -Sí. Pero a partir del siglo XII, la Iglesia va a extender poco a poco su poder sobre el matrimonio: lo instituye como sacramento (pero no lo será realmente sino en el siglo XV, cuando se lo celebrará en el interior de una iglesia y ya no delante) e impone su modelo: la indisolubilidad de los lazos y la monogamia. De este modo, otorga a los esposos más libertades de las que tenían hasta entonces. -¡Más libertades! -¡Claro! No olvidemos hasta qué punto la moral antigua era opresiva, como la describe justamente Paul Veyne. Esta vez, el matrimonio cristiano reclama el consentimiento de cada uno de los esposos, lo que no ocurría antes. No sólo el del marido, que puede oponerse al poder del monarca o de su familia, sino también el de la mujer. -Consentimiento mutuo, tal vez... Los esposos adquieren un nuevo derecho. Pero ¿lo ejercen realmente? -No seamos ingenuos: muchos casados no aprovechaban esa liberalidad porque el peso de la sociedad seguía manifestándose. No obstante, se conocen varios ejemplos de procesos ante los tribunales eclesiásticos donde los casados reclamaban esa libertad de elección que les era negada. Comparado con las prácticas del mundo grecorromano (no olvidemos que, en la democracia ateniense, las mujeres no tenían ningún derecho), el cristianismo, en cierto sentido, hizo progresar el estatus de la mujer mediante esa idea revolucionaria del consentimiento mutuo. -Pero como reverso de la medalla, la Iglesia se insinúa en la intimidad de la pareja casada. -Exactamente. Michel Foucault y yo habíamos observado hasta qué punto el año 1215 marcó profundamente la psicología y la cultura del Occidente. Ese año se decreta la obligación para todos los cristianos, de ambos sexos, a partir de los 14 años, de confesarse por lo menos una vez al año, lo que va a desembocar en la comunión pascual y el examen de conciencia, base de nuestra introspección y del psicoanálisis (pero el confesionario sólo será inventado en el siglo XVI y se generalizará en el XVII). Fue también en 1215 cuando el cuarto concilio de Letrán, al reunir a los obispos cristianos romanos bajo la autoridad del papa, torna obligatorias las amonestaciones un mes antes del matrimonio. -Cualquiera, si tiene una buena razón para hacerlo, puede oponerse a un matrimonio. ¿Por qué una medida semejante? -El objetivo es impedir la consanguinidad: originalmente, la prohibición se extendía hasta la séptima generación, pero en una sociedad más o menos endógama eso no era realista, y se contentaron con imponerla hasta la cuarta generación. Para la Iglesia, es un medio de control. Pero al mismo tiempo, las amonestaciones dan a los futuros casados la posibilidad de hacer anular el matrimonio. En consecuencia, para ellos es una ocasión de conquistar cierta independencia. Muy explícitamente, la Iglesia quiere contrarrestar el poder del linaje y el peso de las familias. -Pero el matrimonio cristiano es indisoluble. No hay divorcio, contrariamente a los romanos... -Las mujeres se refugian en el adulterio. Eso es precisamente lo que refleja la literatura cortés, que florece en ese momento. En realidad, ¿de qué habla ella? De jóvenes caballeros que hacen todo para apoderarse de la mujer de otro. En esta concepción, el himeneo se desarrolla siempre fuera del matrimonio y en el adulterio. Tristán e Isolda es el adulterio. Ginebra y Lancelote es el adulterio. El amor cortés es el adulterio. Y tal vez, reprimida, hipótesis que se ha planteado, la homosexualidad. Uno de los principales cronistas del siglo XII, Foucher de Chartres, lo dice claramente: entre las motivaciones que llevaban a los caballeros a la cruzada estaba la búsqueda de mujeres. Máxime cuando en ese momento el fuerte crecimiento demográfico produjo, en la capa de la nobleza, cantidad de jóvenes varones sin mujeres. Entre las que seguían a los cruzados había prostitutas, pero en ocasiones también esposas. Eleonor de Aquitania, que era una verdadera zorra únicamente preocupada por el poder y el sexo, aprovechó las cruzadas para engañar a su marido Luis VII. En cuanto a San Luis, no fue un marido ideal: cuando su mujer Margarita de Provenza dio a luz en pleno desastre de su primera cruzada, tras haber llevado a cabo hábiles negociaciones para liberarlo, ni siquiera se tomó el trabajo de ir a visitarla. El mismo Joinville, su cronista y admirador, se sintió indignado. -Al mismo tiempo, en ese clima un poco hipócrita, se desarrolla la idea de virginidad. -El prestigio de las vírgenes ya había sido exaltado por el paganismo romano. Los cristianos retoman y promueven esta idea. En la sociedad europea occidental (hagamos a un lado Bizancio y la Europa Oriental, que está bajo su férula), el culto de la Virgen María se impone a partir del siglo XII. La Virgen se ubica por encima de todos los santos, que, en el curso de la Edad Media, se especializan: uno supuestamente cura tal enfermedad, otro hace fecundas a las mujeres o salva del naufragio... La Virgen se vuelve mediadora de sabiduría y salvación, adquiere un nuevo estatus en la sociedad, y no es indiferente que sea una mujer. También simboliza el triunfo de la maternidad, dándole un carácter místico y sentimental. Las madres, las que dan la vida, adquieren prestigio, fundamentalmente cuando, al disminuir la mortalidad infantil gracias a los progresos de la alimentación y la higiene, dan a luz a niños en buenas condiciones que llegan a adultos. -Pero la virginidad es también la castidad. La sexualidad es condenada cada vez más severamente. -Por supuesto. María permanece virgen en el matrimonio y Cristo es soltero. Paul Veyne se refirió a ello: la condena de la sexualidad fue inaugurada por los romanos, que habían instaurado una suerte de puritanismo de la virilidad, limitaron la vida sexual al matrimonio y condenaron el aborto. El cristianismo generaliza esta moral y le añade un nuevo motivo: la exigencia de pureza, justificada por la cercanía del fin del mundo. San Pablo lo enuncia: "Os lo digo, hermanos, el tiempo se está acortando. En adelante, que quienes tienen mujer vivan como si no la tuviesen". ¡Y algunos extremistas de la pureza llegan hasta a castrarse! Esa es la gran novedad: la carne es un pecado. Todavía más: el pecado original es un acto carnal. -La humanidad fue engendrada en la falta que caracteriza todo acoplamiento. -Sí. Esta idea, que no se encuentra en el Evangelio de Juan (la carne es redimida por Jesús porque "el verbo se hizo carne"), fue promovida por San Pablo, que es muy antifeminista ("Dios condenó el pecado en la carne, porque el deseo de la carne es la muerte"), y popularizada por los padres de la Iglesia. -Y va a ser una pesada carga sobre las costumbres durante siglos y siglos. -Sí. En efecto, el modelo monástico va a influir fuertemente sobre la mentalidad occidental. Para mí, ése es el aspecto más negativo del cristianismo. Esta doctrina va a justificar la represión de una gran cantidad de prácticas sexuales. La sexualidad se convierte entonces en lujuria, concupiscencia, fornicación, cosa que condena el sexto mandamiento ("no fornicarás"). La alta Edad Media había retomado las prohibiciones del Antiguo Testamento (incesto, desnudez, homosexualidad, sodomía, coito durante las reglas), el Eclesiastés es directamente antifeminista ("El pecado comenzó por la mujer y por ella todos moriremos"). En adelante, el cuerpo es asimilado a un sitio de desenfreno. Pierde su dignidad.

(De mi archivo. personal. Me pareció curioso e interesante.)
Mario D Raffo